He observado con cierto asombro, una inusitada algarabía por una parte y una inexplicable desazón por otra, luego de la reciente aprobación de la Ley de glaciares. Y aunque debo reconocer que estas formas de expresión en su escenario de inmediatez me parecen legítimas, me preocupa que una vez más, estemos dando cuenta de nuestras antinomias y contradicciones y de nuestra profunda vocación de negarnos a aceptar como sociedad, que el análisis concienzudo, respetuoso y fecundo, representa el único camino para abordar aun desde nuestras propias diferencias, el progreso, futuro y bienestar de nuestra provincia.

Todos quienes hoy contamos con hijos y nietos hemos vivido a lo largo de décadas, esa absurda contradicción que nos llena de orgullo cuando afirmamos que contamos con un país que desde su potencialidad económica se ubica dentro de las 10 naciones más importante del mundo, y que nos llena de espanto, cuando debemos asumir la pobreza y marginalidad que muestra nuestro País, como un problema irreductible e insoluble.

Pero estas contradicciones que como una especie de fatalidad han impedido que nos superemos, no solo se vinculan con nuestros errores y desaciertos, se relacionan lamentablemente, con la absoluta incapacidad de proyectar desde una política de Estado creíble, realizable, estratégica y de largo plazo, un programa de gobierno que cuente con la virtud de imaginar los objetivos trazados como responsabilidades gubernamentales, más allá de un período de gestión.

Estimo que este es el escenario en el que deberíamos analizar los problemas coyunturales que hoy padece nuestra provincia, dado que por sobre los velados intereses y las disputas políticas vacías de contenidos importantes, la génesis de estas dificultades se relaciona umbilicalmente, con la profunda transformación que ha venido experimentando la provincia.

Esta transformación, que compromete el impulso productivo de todos los sectores que conforman nuestra potencialidad económica provincial y que constituye la clave fundamental para superar nuestra histórica postergación económica, representa una estrategia de crecimiento con desarrollo económico sostenido e inclusión social, que no sólo habrá de generar nuevas oportunidades de progreso y bienestar, sino que permitirá alcanzar niveles de vida más justos y equitativos.

Por esta razón resulta de trascendental importancia entender y defender, que los ejes articuladores del despegue de nuestra economía provincial lo constituyan: el desarrollo de nuestra infraestructura básica; la diversificación e innovación tecnológica de la matriz agrícola y frutihortícola productiva provincial; el definitivo despegue y crecimiento de nuestro sector turístico y el impulso de toda nuestra potencialidad minera.

Todos estos desafíos involucrados como máxima en esta idea de "segunda reconstrucción”, no solo requieren de nuestro esfuerzo, trabajo y discernimiento, sino que de la incorporación de tecnologías innovadoras e inteligentes que representan como afirman los entendidos, la mayor fuente de cambio en este nuevo siglo que comenzamos a transitar.

Estos cambios que han comenzado a dar cuenta de nuestro progreso y desarrollo y que permitirán seguir transformando ideas y objetivos en procesos y promesas y palabras incumplidas en proyectos, son los que por sobre todo tipo de lecturas comienzan a dejar atrás, ese viejo paradigma que cuando se hacía referencia a nuestra provincia, se daba cuenta de nuestros intensos días de calor, de la rica "siestita” sanjuanina y del pegador vino patero de San Juan.

Con el mismo énfasis con que se han construido viviendas, escuelas, hospitales, calles y alumbrados, se ha avanzado en el mejoramiento y construcción de obras civiles, viales y de infraestructura, lo que muestra con claridad que estamos creciendo y avanzando.

Por estas razones estimo que el San Juan que tenemos que seguir construyendo, no se agota en las turbulencias generadas por quienes aspiran desde lo más íntimo que las cosas se hagan mal o de aquellos que no soportan, que a nuestra provincia le vaya bien. La decisión de seguir transitando el derrotero de una transformación que mira hacia el futuro y que por tanto no admite ni claros ni oscuros, requiere sin mezquindades del compromiso de todos, unidos y comprometidos bajo un mismo ideal: la construcción de una provincia pujante, moderna, productiva, minera, industrial y exportadora, ese San Juan justo, inclusivo y solidario que desde todas nuestras simplezas, soñamos dejar como legado a nuestros hijos y nietos.