La retirada de las últimas tropas estadounidenses de Irak, para dar paso a la plena gobernabilidad de las autoridades locales, hizo resurgir al fundamentalismo islámico. Una minoría ridiculizada, pero fuertemente armada en el norte del país está diezmando a la población cristiana mediante ejecuciones, expulsiones o provocando una huida masiva.

Las primera reacción para frenar al yihadista Estado Islámico (EI), han sido las incursiones de la aviación norteamericana y ahora del ejército iraquí, tras conocer que los yihadistas ejecutaron en forma sumaría a numerosos chiítas, confesión mayoritaria en Irak y a centenares de sunitas que, aunque comparten la misma sensibilidad teológica que el EI, rechazan su fanatismo religioso.

Hasta la llegada de EEUU en 2003, en Irak vivían más de un millón de cristianos. Unos 600.000 residían en Bagdad, sede del patriarcado de los caldeos, otras 60.000 en Mossul, además de comunidades significativas en la zona petrolera de Kirkuk y en Basora. Diez años después, como resultado del clima de violencia, se calcula que apenas llegan a 400.000, con un saldo de 61 iglesias destruidas y más de mil cristianos asesinados, sin contar las víctimas de los últimos meses.

El Vaticano pidió ayer a los líderes religiosos y especialmente a los musulmanes, una condena firme contra los crímenes y la persecución que están sufriendo los cristianos y otras comunidades religiosas a manos de fundamentalistas islámicos iraquíes. La Santa Sede señala que la difícil situación de los cristianos, yazidíes y minorías étnicas en Irak requiere una postura clara y valiente de los líderes que participan en el diálogo interreligioso y de todas las personas de buena voluntad.

También instó a que ejerzan su influencia sobre los gobernantes para el cese de estos delitos y para que haya un castigo para quienes los cometan, se restaure la ley en el país, y se garantice el regreso de los desplazados.

Los cristianos de Medio Oriente se debaten entre la emigración al Occidente, la conversión forzosa o por conveniencia- al Islam, o la aceptación de regímenes autoritarios laicos que no se entrometan con su fe. Cada vez más reducidas, estas iglesias aún preservan un patrimonio teológico, histórico, lingüístico y arquitectónico de tremendo valor para conocer el cristianismo de los primeros siglos.