Indudablemente las grandes obras quedan eternamente. Nuestro siglo de oro se vistió de gala con la aportación de uno de los escritores más grandes de todos los tiempos: Miguel de Cervantes Saavedra, con su inmortal libro "’El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, el más leído y traducido del mundo.

Azorín escribió: no han escrito las obras clásicas sus autores: las van escribiendo la posteridad. No han escrito Cervantes el Quijote, ni La Divina Comedia el Dante, los han ido escribiendo los diversos hombres que, a lo largo del tiempo, vieron reflejada en esas obras su sensibilidad y su ingenio. Cuanto más se presta al cambio, tanto más vital es la obra clásica.El Quijote es una de las obras más vitales.

León Tolstoy aseguraba que hubo en el mundo dos personajes indelebles, Jesús y Don Quijote de la Mancha. Sigmund Freud aprendió el idioma castellano exclusivamente para poder leerlo en el idioma en que se había escrito. Innumerables han sido las ediciones y reimpresiones que se han llevado a cabo del libro en el mundo. Cuantiosos fueron también los ensayos escritos bajo la multitud de facetas que presenta la obra en sus aspectos filosóficos, musical, amoroso, refranero, literario, poético, ingenioso etc.Incontables las pinturas, ilustraciones, dibujos, esculturas, tallas etc. que sobre el Quijote y Sancho se han realizado.

La música desde el primer ballet "’Don Quijote” representado en París en 1614. Operas, zarzuelas, canciones y cantares que desde esa fecha se han compuesto.El cine, desde su aparición, se ha ocupado también de inmortalizar obras de aventura que seguían dando vida al Quijote. La televisión, en sus películas de dibujos para niños. En Holanda, con motivo del aniversario de la paz de Westfalia (el acta de nacimiento de los países bajos) se ha realizado una exposición con aportaciones españolas del siglo de oro que contó con un "’incunable” de la edición de 1605. Además, una edición en latín (la lengua madre del español) "’Dominus quixotus a manica” la realizó Antonio Peral Torres, catedrático y eminente cervantista, auspiciada por el centro de estudios cervantinos en 1998.

Es natural que éste, "’el libro de los libros” siga siendo vitalicio en la actualidad como lo seguirá siendo, seguramente en la posteridad, porque cada vez que lo leemos o consultamos se extraen de él tantas enseñanzas procedentes de la vida misma en su multitud de facetas, que al analizarlas detenidamente, nos damos cuenta de que hoy tienen la misma vigencia de entonces. Fue la primera novela moderna. Sus personajes polarizan dos aspectos psicológicos del hombre: el idealismo generoso y apasionado, y el materialismo matizado por un sólido y sano buen sentido. El romanticismo sublimó considerándola una de las obras cumbres del ingenio humano. Por todo esto el Quijote permanece vivo.