Sin embargo, Rousseff se extralimitó al solicitar una mayor regulación de Internet, poniendo en la misma bolsa a las compañías privadas como Google, Facebook, Apple o Microsoft, que a los gobiernos. No consideró que estas empresas, gracias a que se desarrollan en un clima de libertad y sin restricciones gubernamentales, pudieron innovar y crear productos que avivaron la industria del conocimiento y transformaron la forma en cómo vivimos.
La falta de distinción de Rousseff entre culpar a las compañías de Internet o pedir cuentas claras a Washington por sus prácticas de espionaje, puede acarrear riesgos graves para la humanidad. Su propuesta es un viejo anhelo de varios gobiernos, entre ellos de Rusia, China, Cuba y Vietnam, que censuran Internet y encarcelan internautas.
La revolución digital que lideran las megaempresas de Internet, no habría sido posible en un contexto represivo. Grandes avances tecnológicos que permitieron la creación de Facebook, Wikipedia o Google Maps, solo pudieron surgir de países sin restricciones políticas y económicas, y donde se premia e incentiva la invención y la innovación. Google es un ejemplo palpable. No solo es motor de búsqueda y agencia de publicidad con ingresos monstruosos, sino una compañía que ha convertido al conocimiento, la acción de almacenar y procesar datos, en una fuente inagotable de ideas en pos de su desarrollo y del bien común.
Ahora anunció la creación de Calico, una división de investigación científica que se enfocará en destrabar el misterio del envejecimiento. Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos de la empresa que hace tiempo invierte en investigación de la salud y genética, mientras procesa millones de datos médicos para descubrir curas que están reservadas a medicamentos y corporaciones farmacéuticas.
En esta cultura de laboratorio continuo, solo posible en mercados desregulados y libres, Google registra grandes mejoras para la humanidad. Así, Calico se destaca su proyecto X, de donde surgieron grandes ideas para revolucionar la forma en que vivimos y nos conectamos. Las lentes inteligente Google Glass, por un lado, y el proyecto Loon, por el otro, que mediante globos aerostáticos permite llevar Internet y conexión a zonas remotas y pobres. A ello, Google suma la invención de los automóviles sin conductor y Makani Power, una compañía dedicada a la investigación y creación de energías renovables, que globaliza sin dejar derechos específicos para ningún país y que superan la capacidad de cualquier gobierno.
Mediante excesivas regulaciones a Internet se corre el riesgo de coartar el espíritu emprendedor de estas empresas y otras en formación, que gracias a la industria del conocimiento, adoptaron políticas de responsabilidad social ya sea para luchar contra el sida y la malaria, caso de Microsoft, o para detener la vejez como pretende Google.
