Alguien escribió: Cuando ningún hombre blanco había recorrido aun de Sur a Norte la Patagonia, el intrépido capitán de fragata y explorador inglés George Musters, se unió en Santa Cruz a la tribu Tehuelche del cacique Orkeke y con él viviendo y vistiendo como un indio más, llevó a cabo una de las travesías más aventureras que recuerden los anales de la historia argentina. En efecto. De los 28 hombres de lanza que con sus familias partieron desde el río Chico a principios de la primavera austral de 1869, sólo 8 varones quedaban vivos cuando alcanzaron "El Carmen” junto al Mar Argentino el 26 de mayo de 1870. Musters llegó en extremo débil y envuelto en pieles como un salvaje, escribió el coronel Luis Jorge Fontana en 1886.
Desde hace algún tiempo la áridas mesetas, la casi extinción de la fauna autóctona, la creación de nuevos latifundios por parte de firmas multinacionales o simplemente por una familia, cubren casi toda la Patagonia, la preocupante merma de los rebaños de ovejas o el viento que no da treguas.. La Patagonia es también la historia de los pioneros y memoria tenaz de sus antiguos moradores indígenas. Es un cúmulo de leyendas; es su gente, los "NYC” (nacidos y criados) como gustan llamarse con orgullo. También es tierra de dinosaurios, como la nuestra, y es la misma que alimentó la imaginación de aventureros, científicos y misioneros, ávidos de llegar a este último pedazo de tierra. Esta región Sur del continente americano, conocido desde tiempos remotos como Patagonia, hace 13.000 años los pobladores antepasados de los Tehuelches, fueron vistos por primera vez por la expedición de H. de Magallanes, quien la denominó "Patagones” dando así origen al nombre de la región. El hombre blanco penetró en la intimidad del toldo Tehuelche, provocando cambios, su declinación y su largo periodo regresivo. Nada quedó de los antiguos moradores, a excepción de sus pinturas rupestres y de lo que es producto de sus cruzamientos aunque en escasa medida.
Patagonia es una enorme península de alrededor de un millón de kilómetros cuadrados. Reino de la desmesura, desde las distancias hasta las montañas colosales; desde la superficie de sus lagos pintados con diferentes colores, hasta la inmensidad del desierto y la altura de sus árboles.
Patagonia: hoy te cubren traumáticas alambradas, diría como maléficas telarañas. Hoy ya no existen las infinitas manadas de guanacos, ni el sinnúmero de choiques, maras y pumas. Cuando pensamos en el gaucho con mayúsculas, esto es el hombre libre, con libertad casi absoluta, casi primigenia, para él, la Patagonia dejó de ser lo que fue.
Nada mejor que el título que le dio mi amigo Antonio Beorchia Nigris a su libro: "Patagonia, adiós”. Por fortuna la salpican ciudades como San Carlos de Bariloche, San Martín de los Andes, Puerto Madryn, Trelew, Comodoro Rivadavia, El Calafate, Ushuaia y tantas otras con centros turísticos, áreas de reservas naturales y parques nacionales esmeradamente cuidados y protegidos.
Patagonia, desmesurada por su tamaño, pero también por su belleza.
(*) Escritor.
