En la Sagrada Escritura encontramos distintos personajes que fueron los protagonistas de la llamada Historia de la Salvación. Desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis los actores sagrados han experimentado la presencia de un Dios que guía sus vidas. A través de ellos, Dios desplegó su plan salvífico. Mirando la vida de éstos actores sagrados, verdaderos protagonistas de la fe, nos ayudará a vivir nuestra fe.

La primera figura que aparece en la historia de la revelación bíblica es Abraham. ¿Quién fue Abraham? En los capítulos 11,26 al 25,18 del libro del Génesis encontramos su historia, pertenece a las narraciones patriarcales. Abraham es presentado como el primer jefe o padre que engendrará toda la descendencia divina. Las narraciones patriarcales estuvieron durante siglos en la memoria del pueblo de Israel, conservadas por tradición oral antes de ser consignadas por escritas, no fueron escritas para buscar un rigor histórico, geográfico o cronológico sino "teológico”, es decir, intentan mostrar, con frescura y vivacidad una enseñanza espiritual, donde los relatos están al servicio del mensaje religioso que quiere expresar. En Génesis 12,1-4 encontramos lo que podríamos denominar "la orden de Dios a Abraham”. En nuestras Biblias suelen titular esta "orden” como "El llamado de Dios a Abraham”.

Escuchemos el texto bíblico: "El Señor dijo a Abrám: Deja tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra. Abrám partió como el Señor se lo había ordenado y Lot se fue con él. Cuando salió de Jarán, Abrám tenía 75 años”. Abrám tiene que dejar tres puntos esenciales de su vida: 1) "la tierra”, en hebreo eres. Dejar la tierra es dejar el suelo, la geografía de siempre, el marco natural que da sentido a la existencia. Nuestra vida se hace y construye en torno a una tierra definida, delimitada; 2) dejar "la patria”: en hebreo moledet: es la heredad que nos dejan nuestros mayores, nuestros padres, el lugar del clan con sus costumbres, modos culturales y sociales; y 3) dejar la "casa paterna”: en hebreo mbyt bka (desde tu casa paterna), el domicilio familiar, el lugar íntimo en el cual crecemos, donde recibimos afecto, la plataforma desde donde abordamos la vida.¿Quién es en realidad Abraham?

El excardenal de Milán, Carlos María Martini, comenta: "Podríamos discutir su historicidad, pero lo que nos interesa no es tanto la figura histórica de Abraham, lo que pudo haber sido aquel seminómada con sus rebaños, sino lo que de Abraham conoció la tradición bíblica: su figura, lo que Dios hizo con él, lo que se nos ha transmitido de él. Por consiguiente, lo que Abraham representa para todos los que se disputan su figura. Porque Abraham no es solo una figura singular, sino también un "tipo”. Abraham representa a Israel en búsqueda de Dios; Abraham es el hombre que busca a Dios, es una multitud, son todos aquellos que buscan a Dios, es cada uno de nosotros en camino buscando a Dios para seguir su palabra".¿Qué significa el nombre Abraham? Desde Génesis 12 hasta 17,4 se lo denomina Abrám.

No hay certeza sobre el origen de este vocablo, se piensa que sería una forma dialectal de Abraham, su significado es muy discutido, procedería de "abi” (padre) y "ram” (excelso). No se sabe si esta voz es semita, se han encontrado en la tabla alfabética de Ugarit dos personas con este nombre: abrmalsy (Abrám de Alasia) y abrmmsrm (Abrám de Egipto). Desde Génesis 17,5 en adelante Dios le cambia el nombre, lo llama Abraham, se le agrega la consonante hebrea h (het), y se muestra este nuevo nombre como un calificativo relacionado con el "padre de muchos pueblos”.

Esta forma sería semita pero no hebrea. El nombre para la mentalidad antigua, no era una simple designación exterior, sino que determinaba de alguna manera la naturaleza íntima del ser o de la persona. Para una persona de fe, vivir la vida es el pasaje constante de nuestras supuestas tierras seguras, una y otra vez, a la "seguridad” de la Tierra, que es vivir en Dios.