En momentos en que los estragos del temible huracán ‘Matthew” extendían en el Caribe y las costas de La Florida, se conoció el respaldo irrevocable de la Unión Europea al acuerdo climático global, el mayor consenso mundial para frenar el calentamiento del planeta. La decisión de Bruselas ha dado lugar a que varios países de Europa ratifiquen el pacto, que ya cuenta con el apoyo de otras naciones altamente contaminantes encabezadas por China, Estados Unidos y la India.

El optimismo para avanzar hacia resultados concretos lo ha manifestado la Organización de las Naciones Unidas, ya que para la entrada en vigor del acuerdo se necesitaba la ratificación de al menos 55 países que representen a la vez el 55% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Una vez alcanzada esta meta, se fija un plazo de treinta días para efectivizar el instrumento que fue definido en diciembre último como el ‘Acuerdo de París” por 191 naciones después de varios años de negociaciones.

Es más, el plenario del Parlamento Europeo ha solicitado a los países miembros que dispongan más recortes de emisiones de cara a 2030 para evitar que la temperatura global aumente por encima de dos grados Celsius, tal y como exige el acuerdo climático de París. Este requerimiento se lanzó en forma urgente ya que la suma de todos los compromisos nacionales hasta la fecha no permite siquiera acercarse a este objetivo y destacan la urgencia y la crucial importancia de que todas las partes eleven sus promesas de reducción de gases contaminantes. La idea es alcanzar una estrategia de emisión cero en la mitad de este siglo.

El programa involucra a la necesidad de reducir las emisiones de los sectores del transporte aéreo y marítimo, por lo que insta a las partes a trabajar en el seno de la Organización de Aviación Civil Internacional con el fin de establecer objetivos de reducción adecuados, antes de finalizar el año. Igualmente se observa la necesidad de que se logren 100.000 millones de euros hasta 2020 para financiar la lucha contra el cambio climático -incluyendo la ayuda a los países pobres- y se propone contemplar nuevas fuentes de financiación, caso de un impuesto sobre las transacciones financieras.

Lo importante es que el entendimiento global ha salido de las buenas intenciones y se vuelca ahora a concretarlas, cuanto antes.