Los ambiguos reclamos marítimos que permanecen latentes en diferentes lugares del mundo, se despiertan creando conflictos jurisdiccionales en medida de los intereses económicos y políticos que los rodean. Por eso se agudiza, saltando al primer plano de la consideración internacional, el conflicto en las aguas cercanas a las disputadas islas Spratly, en el Mar de China Meridional cuya soberanía la reclaman China, Taiwán, Vietnam, Brunei, Malasia y Filipinas.
En esta coyuntura, desde septiembre pasado se vienen agudizando las fuertes críticas de Estados Unidos por lo que considera una amenaza al orden internacional, a las acusaciones de China sobre una supuesta violación territorial en aguas internacionales. Washington incluso envió la semana pasada al destructor USS Lassen a navegar por la zona dentro de las doce millas que rodean al arrecife Subi, en las Spratly, lo que provocó una fuerte denuncia por parte del gobierno de Pekín, que se reservó el derecho a "actuar”, recibiendo del comandante de la nave, Harry Harris, la obligación de EEUU de defender el derecho y el deber de realizar esas operaciones para garantizar la seguridad de navegación en la zona.
Pekín observa el problema desde otro ángulo. Señala que anualmente unos 100.000 barcos de todo el mundo pasan libremente por el Mar de China Meridional y no hay ningún problema, incluso en el transporte de 15 millones de barriles de crudo pero dice que, sospechosamente, algunos buques de transporte insisten en desviarse de esas rutas para dar la impresión de que hay en ellas problemas de libertad de navegación, algo que según los chinos califican como una descarada provocación.
