Muchas fueron las versiones referidas al primer encuentro de la actriz Evita Duarte con el coronel Perón y la verdadera relación de amor y de conducción que existió entre la racionalidad de Perón y el sentimiento y pasión de Evita. El 27 de julio de 1959, la revista ¡Oiga! en su número 10, bajo el título "Historia de un amor: Cómo conocí a Evita y me enamoré de ella”, destaca un documento que no podía faltar en esta historia: "Eva entró en mi vida como el destino. Fue un trágico terremoto que sacudió la provincia de San Juan, en la cordillera, y destruyó casi enteramente la ciudad, el que me hizo encontrar a mi mujer. En aquella época yo era ministro de Trabajo y Asistencia Social. La tragedia de San Juan era una calamidad nacional que interesaba directamente al Ministerio a mi cargo. Millares de personas habían quedado sin techo, aisladas en zonas gélidas y escuálidas, al otro lado de unas montañas temibles y lóbregas, cuyo único ornamento son las nieves perpetuas".

"Para socorrer a la población de San Juan movilicé al país entero; llamé indistintamente a hombres y mujeres a fin de que todos en la medida de sus posibilidades, tendiesen la mano a aquella pobre gente de aquella provincia remota. Se trató de organizar un verdadero ejército de voluntarios que llamasen a todas las puertas de la ciudad, a lo largo y a lo ancho, solicitando socorros y enviándolos luego a las zonas afectadas. Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndoles a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz del teatro y de la radio y querer concurrir a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan”.

"Organizaremos espectáculos -dijo la joven- Movilizaré a los colegas. Mi compañía es una compañía de voluntarios que pide ser empleada en esta batalla benéfica. Un encargo cualquiera. -pedía- Quiero hacer algo por esa gente que en este momento es más pobre que yo”. "Yo la miraba -cuenta Perón- y sentía que sus palabras me conquistaban; estaba casi subyugado por el calor de su voz y de su mirada. Eva estaba pálida pero mientras hablaba su rostro se encendía. Tenía las manos escuálidas y los dedos deshuesados; era un manojo de nervios. Discutimos largo rato. Era la época en que en mí se abría la idea de dar vida a un movimiento político que transformase radicalmente la vida de la Argentina.

En este punto, Perón califica a Eva como "una mujer excepcional”, una auténtica pasionaria animada de una voluntad y de una fe que se podía parangonar con la de los primeros creyentes. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos puesto que en esos tiempos, en el plano social, la mayoría de los argentinos podía compararse a los sin techo de la ciudad de la cordillera, triturada por el terremoto. Decidí, por lo tanto, que Eva Duarte se quedase en el Ministerio mío y abandonase sus actividades teatrales. En mis dos designios políticos las mujeres tenían su parte; quería incluirlas en la vida del país, llevarlas al mismo plano de los hombres y concederles un derecho que no tenían: el voto. (**)

De los múltiples testimonios sobre el encuentro, se puede inferir que Perón y Evita se conocieron con anterioridad a la fecha del festival, en el lapso comprendido entre el 18 y 22 de enero de 1944, ante la convocatoria para realizar la gran cruzada de solidaridad. De esta apreciación se puede deducir que la actriz fue invitada por el ministro para organizar el festival que tuvo lugar el día 22, y posiblemente fue así.

Lo paradójico es que todas las opiniones y versiones que abundan en la literatura universal, confluyen en el mismo canal cuando resulta imprescindible destacar que Eva tenía claro en aquél momento por qué debía dejar todo para ayudar a los sanjuaninos en desgracia. Es decir, había encontrado una causa noble por la cual luchar. Ese día nacía el militante argentino y no en la fecha que se ha instituido posteriormente para conmemorarlo. Errores que la historia, algún día, deberá rectificar.

(**) Síntesis del libro: "Evita en la indiferencia de las dirigencias”, del autor.