No es posible razonablemente esperar una solución en un tiempo prudencial para retomar el control de la crisis actual del país que permita avizorar una salida al menor costo potencial sobre las ya graves consecuencias que se están manifestando en la realidad, sin que se mantenga ordenada la macroeconomía nacional. Que un resultado electoral en democracia genere un descontrol de variables como fue la disparada del dólar tras las PASO. O disparada inducida como denunció el economista Martín Redrado, de por si evidencia una debilidad de la relación de sentido que vincula las variables claves de la economía.
"Es preocupante que en la Argentina para mantener al dólar en un valor estable y de certidumbre se tengan que vender dólares de las reservas…”.
A quince días de las elecciones se aprecia que no sólo fue un salto del dólar por la sorpresa que causó teniendo en cuenta las proyecciones previas de las encuestas, sino, que obedeció a una inconsistencia básica de fondo que afecta a las variables vectoriales que deben sostener el andamiaje de la economía nacional. Es delicada la situación para los mercados y para todos los agentes de la economía, cualquiera sea el rol que se cumpla en el contexto general, que en Argentina para mantener al dólar en un valor estable y de certidumbre se tengan que vender dólares de las reservas. Esta venta de dólares es causada por la desconfianza de los mercados en la solidez de la economía y la confianza en el cumplimiento de las obligaciones que surgen del pasivo interno y externo que debe afrontar el Estado en el corto y mediano plazo. Es un círculo donde una causa (la desconfianza) dispara una consecuencia (la venta de reservas) y esta derivación retroalimenta nuevamente la desconfianza, y vuelta a empezar de nuevo en una sucesión donde la lógica que se pone en acto no se puede frenar si no se enfoca el problema con un principio de comprensión más inteligente que contenga a la desconfianza en el futuro después de las PASO y a la calma de esa desconfianza drenando reservas. Hay que tener en cuenta que tanto los mercados de deuda como la gente en general pueden coincidir en la dudosa sostenibilidad de la política de que no se desboque el dólar a costa de vender dólares. Este camino llevó a que el 80% de los 57.000 millones de dólares que otorgó de préstamo el FMI, se fueran a título de una contención que al poco tiempo se muestra ineficaz. La relación de las variables integrales de la economía son complejas pero es admisible proponer que al menos una de ellas merece ser analizada con detenimiento a saber, si las reservas netas en moneda extranjera cuyas fuentes de obtención se han cerrado, como es posible darle sostenibilidad a la política cambiaria de estabilizar y contener el dólar vendiendo dólares que por definición e imperio de la realidad son restringidos.
Hay menos reservas que el efectivo circulante, hay menos reservas que la deuda interna y externa, hay cada vez menos reservas para estabilizar el alza del dólar, hay depósitos de la gente que se han convertido en deuda del estado a una tasa de dudosa pagabilidad por parte del estado, hay un derroche del prestamos excepcional del FMI, todo esto muestra que la macroeconomía se desgaja por la restricción de respaldo de valor en divisas. La incertidumbre que hace correr a la dolarización como reguero de pólvora, no es fruto de una generación espontánea o mágica, ya que sólo se sofoca con reservas porque hay deudas que se han contraído en moneda extranjera que necesitan repuestas de cómo se van a afrontar tales compromisos. Pero ese esquema creíble de pago que haga recuperar la confianza no sólo debe satisfacer a los mercados de deuda, sino, al consumo interno y la producción que no pueden seguir soportando más ajuste sino percibir un entorno de crecimiento y generación de ingresos genuinos.
Por el Dr. Mario Luna y el Prof. Fabián Núñez
Profesionales de Jáchal.
