El futuro de un país, son los jóvenes. Nadie puede dudar de una verdad tan evidente y objetiva. Tampoco se puede poner en tela de juicio o vacilar si la educación constituye o no el principal tesoro que una generación delega a otra. Por lo tanto, la educación es el factor determinante que pone en evidencia todas las perspectivas del hombre, metas, objetivos y fines, pasan por su valoración y mide qué gravitación y peso tienen las mismas en la sociedad. Es de vital importancia conocer cuál es el rumbo del joven en el presente siglo XXI y qué modelo o medida tiene este para conducirse en sociedad. Así, tomar referencia de los momentos en los que este, de cara a la actualidad se desenvuelve, implica observar o hacer un seguimiento de los organismos público y privado que velan por su formación prestando seria atención a los sistemas o programas que los ministerios del área implementan para dar respuesta a tales circunstancias.
En perspectiva de como son estos escenarios se debe contemplar no sólo métodos y programas que respondan eficazmente a los problemas actuales sino ser un buen intérprete de la realidad que a veces nos supera. Pueden entonces proponerse en nuestro ámbito educativo sistemas que históricamente han dado excelentes resultados en su momento y que hoy ameritan una transferencia en su aplicación ya que las circunstancias histórico-sociales no distan mucho de ser semejantes a las de décadas pasadas. Solo restará que pedagogos y educadores contemplen una aplicación práctica de modelos exitosos o la combinación de estos, en una educación tradicional como la nuestra y de profunda cultura cristiana en la que se puedan obtener buenos resultados y éxitos garantizados. En los antecedentes hemos encontrado por un lado la educación y formación del espíritu dominico y por el otro, la formación salesiana. Por la primera se persigue buscar la verdad, dialogar con el otro, pensar con criterio, actuar con espíritu crítico, estar abierto a cuestiones próximas, tener inquietud por descubrir nuevos espacios, disfrutar de libertad de pensamiento, abrirse a la trascendencia y establecer una comunicación con ella, contemplar la realidad y transmitir el fruto de la contemplación, servir a la persona, etc.; son valores fundamentales en la forma de comprender el estudio y la educación dominicana. Para ello se propone: Afrontar los nuevos desafíos que la sociedad nos plantea en el ámbito de la educación. Utilizar pedagogías incluidas en el SEA "Sistema Educativo Alterno” y provocar encuentros juveniles. Por la segunda la experiencia de un sistema preventivo, que reconozca la situación del niño y del joven en situaciones extremas como pandillas juveniles, niños de la calle, delincuencia juvenil, explotación infantil y otros dramas. El sistema preventivo fue sometido en sus inicios a las realidades de punta y no concebido bajo condiciones favorables. Otra finalidad es la formación ética, moral y humanística de la educación. Hoy las condiciones si son propicias. La modalidad de internados o como pupilos propiciará el mejor de todos los seguimientos pedagógicos, tanto para niños y niñas como para adolescentes.
Esta época que vivimos presenta un contexto tan complicado y tanto difícil de resolver de parte de las autoridades educativas por lo que proponer una educación combinando métodos dominicos y salesianos en una pedagogía de vanguardia sería un verdadero desafío para los superiores en educación.
Por un lado, el hábito del estudio, la formación moral, la comunicación social y los encuentros espirituales y por el otro, el aprendizaje de oficios y prácticas del trabajo, la conducta y disciplina social, el deporte, la música y la recreación, son las urgentes necesidades de nuestro tiempo que en visión tuvieron dominicos y salesianos en la persona de Santo Domingo de Guzmán y el sacerdote Juan Bosco.
(*) Filósofo, pedagogo, escritor. Orientador escolar.
