En una jornada electoral sin precedentes en Venezuela, Henrique Capriles Radonski, gobernador de Miranda, fue elegido con más de 2.827.040 votos válidos emitidos como candidato unitario de la oposición que enfrentará a Hugo Chávez, en las elecciones presidenciales del 7 de octubre próximo. La participación sobrepasó las expectativas, ya que se duplicaron los electores estimados por la Mesa de la Unidad Democrática, que agrupa a más de veinte organizaciones políticas. La oposición venezolana está dispuesta a retomar el destino democrático, mientras que el gobierno chavista saca a relucir los fantasmas de un golpe de Estado de narcomilitares, armados y asesorados por Cuba. Porque la supervivencia del castrismo pasa por el chavismo y viceversa.

Capriles, un joven político de 39 años, hasta ahora no ha conocido la derrota en las urnas: fue el presidente más joven de la Cámara de Diputados y elegido alcalde de Baruta por dos períodos consecutivos. En 2008, Capriles logró ser el gobernador de Miranda tras derrotar a Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del chavismo. Al presentarse a las primarias de la oposición, el aspirante a la presidencia apostó por un modelo de socialdemocracia como el que implantó Lula en Brasil. Capriles propone el camino del progreso frente al camino del socialismo de su oponente, aunque sabe que en la guerra desigual que le ha tocado librar los peligros son muchos. Entre éstos, el poderío militar de un régimen autoritario que ya advirtió que no está dispuesto a renunciar al poder. Hugo Chávez maneja a su antojo la mayoría de los medios; el clientelismo político y, también, la amenaza de represalias contra aquellos que no apoyen el proyecto del socialismo del siglo XXI.