Se prepararon para correr una maratón, pero les avisaron que la carrera era de 200 metros y que está muy próxima a empezar. Le ocurrió con el adelanto de las elecciones a todo el aparato político provincial, pero sucedió que los más afectados fueron los emergentes de la oposición.
No creó demasiadas incertidumbre el golpe de efecto kirchnerista en las decisiones de participar, como en la vocación de juntarse. Nadie ignora que este último factor será decisivo al momento de contar los porotos en la noche del 28 de junio, pero aún así les cuesta avanzar en el diseño de un mapa opositor que no se neutralice sino que se complemente.
Hay varias razones para que eso ocurra. La primera es que la reflexión suele ser muy habitualmente relegada en las mesas de las decisiones, desplazada siempre por los personalismos. Y en todos los reductos opositores locales creen estar cerca de la cifra mágica que les permita ubicar un legislador en el Congreso, o por alguna razón piensan que la locomotora del desafío deben ser ellos de manera irremediable. Por lo tanto, sólo dejan lugares para sumarse desde ellos hacia abajo.
La segunda es la vigencia de los recelos, de antiguo o flamante origen, pero aún de llama encendida. Para ponerlo en nombres, podría armarse el siguiente trabalenguas:
– A Basualdo le gustaría unirse con Ibarra, pero Ibarra no se baja del primer lugar y luego lo lleva al PRO de Wbaldino Acosta (h), entonces cómo hacer para que Adriana Marino obtenga un lugar expectante.
– Los dos -Basualdo e Ibarra- negociaron con Colombo, pero el senador mantiene un viejo recelo de cuando fueron juntos en el 2007, y el intendente no consigue ponerse de acuerdo por el 1ro. de la lista y no termina de digerir a Cobos.
– Colombo avanza por la cosecha del legado alfonsinista y la reunión de la diáspora radical, con la UCR orgánica y la Coalición Cívica. La lilista Claudia Rosas hizo el intento de atraer a Ibarra con Colombo, pero no tuvo suerte.
– Pero el presidente de la UCR nacional Gerardo Morales coquetea en el Senado con… Basualdo.
– Y en el otro pelotón, mientras el bloquismo orgánico busca definir con el Gobierno, hay un grupo de bloquistas enojados haciendo juego en la oposición: Conca se une a Rodríguez Saá y podría entrar en cualquier acuerdo, Conti manifiesta su vocación opositora y parece listo por si lo llaman. Y Arancibia con el grupo 1852 va a todas las reuniones opositoras pero no tiene feeling con ninguno.
De todos esos ensayos, hay pocas fórmulas probables de acercamiento. El más factible es el del basualdismo con Ibarra, que en un momento pareció bien próximo pero terminó diluyéndose al no compatibilizar las diferencias. Pero el empresario dejó una puerta abierta esta semana: desistió de participar él como como candidato a diputado -una chance que había manejado más como señuelo que como convicción- y ubicó en el primer lugar a Adriana Marino.
Y anunció que ese primer lugar en la lista puede ser alterado como consecuencia de alguna alianza, con lo que dejó escrita su vocación acuerdista. Al menos en las palabras, con la aclaración de que de pasar eso a los hechos obliga a un esfuerzo aún más importante.
Si se repasa el abanico de opciones al alcance del basualdismo para alguna alianza importante, de esas que lo obligue a deponer el primer puesto de la lista, surge que hay más chances con el intendente de Rawson que con Colombo. Con éste último aún no cicatrizan las heridas del último turno electoral en las que fueron juntos pero luego el basualdismo abrió otra lista que terminó licuando los votos.
Con Ibarra, en cambio, las necesidades confluyen un poco más. El rawsino probó en sus primeras incursiones por el interior provincial que no se puede despreciar una red política latente, como la que dispone el senador. Por el contrario, le hará mucha falta. Pero las dificultades también son muchas: como la exploración de Ibarra con el camionero Castro, recientemente separado del basualdismo, o la resistencia en el sector más íntimo del senador a dejarle la mesa lista al intendente para que éste se sirva.
Rodolfo Colombo aparece en otra cosa. Sueña por estos días con concentrar un amplio grupo de opositores detrás de su candidatura, a quienes tienta con la promesa de hacerlos figurar en la lista de la primera hora del cobismo. Allí encolumna a, por supuesto, el radicalismo orgánico, a algunos bloquistas enojados como Conca, a la Coalición Cívica con dirigentes como Diego Seguí y Claudia Rosas, o al socialismo.
El otro ingrediente son los tiempos. El 28 de abril habrá que presentar las alianzas y allí será el momento de mostrar las cartas. Por eso ahora, 16 días antes, hay un clima de truco donde nadie quiere ser mano. Hasta ahora, debería serlo el aspirante del oficialismo porque tiene su fecha de internas el 24 de abril, y eso lo obligará a jugar antes de saber si sus adversarios van juntos o separados. Pero en este sector las cosas parecen estar bien definidas, sin cambios a la vista según haya o no alianzas: jugarán con lo mejor que tengan.
Hay además un ambiente de no quemar ningún puente: en la oposición, todos se cuidan de no hablar lo suficientemente mal de los de al lado, concientes de que las vueltas de la vida los terminen poniendo en la misma boleta.
En este último tramo, las cosas cambian todos los días. Lo que parecía lejos puede presentarse al alcance de una mano en cuestión de horas, y viceversa. No faltan los que sueñan con una solución de las diferencias a lo De Narváez-Solá. Con profundas grietas internas por el reparto de cargos, la fórmula bonaerense logró armar boleta única, pese a que el ex gobernador había dicho que "no puedo ir en segundo lugar" y luego terminó aceptándolo con el argumento de "se comieron el amague".
Y hay hasta los que a esta altura del proceso, no descartan otra bomba atómica después de la orden de Kirchner de presentar como "candidatos testimoniales" a Scioli y los intendentes bonaerenses: ¿se viene una unión de toda la oposición en Buenos Aires?, ¿juntos De Narváez, Solá, Stolbizer, Llambías, Alfonsín con el tutelaje de Macri, Carrió y Cobos?
Por más aventurada que resulte la profecía, nada de lo que se prediga sobre la política nacional debería caer en el descrédito. Si se termina consagrando, tendrá el efecto natural de lo que ocurre a nivel nacional con las provincias: terminará derramando e influyendo a la periferia. Y aquí, una eventual confluencia de todo el arco opositor tiene más dificultades a la vista que la difícil juntada bonaerense.
Para entender a quién beneficia cada cosa, lo mejor en estas ocasiones es analizar quién quedaría mejor parado en la atalaya nacional. En elecciones nacionales siempre ocurre: Tal vez en la vigencia de Julio Cobos como depositario excluyente de la expectativa anti K pueda explicarse que Rodolfo Colombo le saque una pequeña ventaja a Ibarra en el rubro anti G.
Pero más allá de esos matices, el mapa opositor presenta un Himalaya delante y es los desafíos personales que se juega cada uno. Como en el Antón Pirulero, cada cual hace su juego.
