La jugada para Cristina viene complicada. Y es que la renuncia de Esteban Righi al cargo de Procurador General de la Nación, le abrió a la Presidenta un debate en el Congreso que no parece sencillo. Esa discusión, imprevistamente, pone a un sanjuanino sobre el escenario. ¿Cómo? Es simple: Amado Boudou, el vicepresidente argentino, está acusado de tráfico de influencias o "negociaciones incompatibles con su función pública", según el Código Penal argentino. Se lo incrimina por intervenir para levantar la quiebra de la ex Ciccone, una empresa que luego de esa supuesta intervención del juvenil Vice de Cristina, obtuvo contratos con el Estado y que incluso hasta podría quedarse con la impresión de billetes. En este marco, Boudou criticó fuerte al juez de la causa, a la Justicia y también dijo que la esposa y un hijo de Esteban Righi, el también ex Ministro de Interior de Cámpora, le ofrecieron hace años sus influencias en la Justicia. Es decir, solucionar causas que el incipiente Boudou tenía en Tribunales y que sólo ellos -los familiares de Righi- podrían solucionar por las relaciones cultivadas con el Poder Judicial. Righi presentó la renuncia inmediatamente y Cristina se la aceptó con la misma velocidad. Ahora, para cubrir el sillón del "camporista" hace falta que el Congreso apruebe la maniobra. Cristina propuso a Daniel Reposo -un hombre de Boudou- como nuevo Jefe de Fiscales, pero el problema es que al Gobierno no le será sencillo juntar las dos terceras partes de los legisladores que necesita para aprobar que Reposo se convierta en el nuevo Righi. La oposición dice que ha reunido 21 sufragios en contra y que para llegar a rechazar la propuesta oficial le faltan 4. Uno de ellos es el del senador Roberto Basualdo, quien dijo que todavía no tiene su voto definido. Claro que el sanjuanino no decide solo, ya que va a actuar en bloque, el del Peronismo Federal que integran, entre otros, sus amigos Adolfo Rodríguez Saá, Liliana Negre y Juan Carlos Romero. La suerte le ha dado a Basualdo una nueva e inestimable oportunidad de pararse como opositor. Habrá que ver qué papel prefiere jugar. O, en el peor de los escenarios, qué papel le toca en suerte jugar.


Un poco de decoro

¿Hay algo después del caso Boudou? En pos de salvataje del Vice, se han conocido curiosos detalles de la relación entre los Poderes del Estado que deberían ser independientes uno de otro. Por ejemplo, se difundieron conversaciones del juez Daniel Rafecas, el que investiga a Boudou, con el abogado del supuesto socio del Vicepresidente. Es decir, el juez chatea con el abogado que defiende al que él (Rafecas) puede acusar. Poco menos que una locura. Lo otro: Boudou admitió ante todo un país que recibió, siendo funcionario del Gobierno nacional, una propuesta deshonesta de un estudio de abogados. Él no denunció en ese momento; evidentemente lo hace ahora para embarrar la cancha. El hecho ocurrió, según el propio funcionario, cuando estaba a cargo del Anses. ¿Por qué no denunció en su momento? Nadie ha respondido esa pregunta todavía, pero con lo expuesto, cae de maduro que no lo hizo porque el estudio era de un alto funcionario -o sea, Righi-. Un lindo detalle. Hay muchas preguntas en el medio que hasta ahora no tienen respuestas. Lo legal, lo deberá resolver la Justicia. Lo político es a lo que se tiene que dedicar el Gobierno nacional con urgencia. ¿Qué imagen queda de la Justicia? ¿Qué imagen queda del Vicepresidente? ¿Por qué Boudou no se presenta en la Justicia y dice que no tiene nada que ver con la empresa?


Un voto para…

Lo del legislador sanjuanino es mucho más inocente que lo anterior. Basualdo se abstuvo en la votación de la Ley de Glaciares cuando la oposición en San Juan, incluso su socio político Mauricio Ibarra, le pedían a gritos el voto en contra. Cuando tuvo chances de ganar para sus filas la intendencia de la Ciudad, dividió la candidatura y le creó a Rodolfo Colombo una interna. Ambos perdieron, y ganó Gioja. Criticada acción la del ahora legislador. Su imagen de opositor se desgastó con fuerza. Hoy el lema de Basualdo es "Apoyar lo correcto y rechazar lo incorrecto". Es honorable su pensamiento, ya que es lo que habría que esperar de cualquier persona que ostenta un cargo político. Pero tiende a confundir, ya que no es ubicable en ningún casillero. Y es importante que así sea para emitir certezas; es decir, que quien tenga intención de votar una opción sepa que tiene en Basualdo un blanco o un negro, no un gris, porque deja de ser una opción. Basualdo se ha comportado correctamente y tiene cómo demostrarlo: suele aparecer en los balances anuales como el legislador que más trabaja. Dona sus sueldos, hace caridad, no tienen escándalos mediáticos y se lo conoce como empresario próspero. Tal vez, sólo tal vez, necesita que el elector lo identifique sin grises. Y si eso significa claudicar ideales, será tarea del legislador asumir ese costo o el otro, el que ya conoce, el de terminar una elección y no ganar. Por eso, en esta votación a Basualdo se le viene otra oportunidad, la de terminar con los grises y plantarse de un lado. ¿Lo hará?