Se conmemora hoy un nuevo aniversario de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento, en el año del bicentenario de su natalicio, y voces de distintos sectores sociales renuevan la admiración por el prócer que diseñó un ambicioso proyecto de nación en base de la educación. También se renuevan los embates a la figura del gran sanjuanino, con más tinte ideológico que documentación histórica, aunque la diatriba no hace mella en la imponente figura del educador, escritor, estadista, pensador y político descollante, admirado en el mundo por su pasión transformadora y visionaria de su tiempo.
No ha existido un pensamiento tan lúcido como el de Sarmiento para hacer un gran país sustentado en la educación popular, gratuita y masiva. Construir desde el Estado una sociedad progresista y democrática, lo llevó a crear las instituciones y las normativas para el crecimiento cuando llegó a la Presidencia de la República. La enorme dimensión intelectual del pedagogo y estadista hasta tuvo impacto en el exilio. Chile capitalizó sus ideas innovadoras y lo becó para que pudiera conocer diferentes sistemas educativos en el exterior para luego aplicarlos en el país trasandino. Fue otra huella civilizadora en una América latina que a mediados del siglo XIX buscaba una identidad propia, sin resabios del colonialismo.
Los sueños del estadista siguen vigentes, a pesar de la descalificación artera del revisionismo doctrinario que busca construir una nueva versión de la historia argentina. Sin duda el prócer no encaja en el modelo actual, porque fue un nacionalista liberal que buscaba el desarrollo de la mano del capitalismo como recurso para formar una clase media progresista y democrática. "El progreso marcha a su paso natural, rápido donde encuentra terreno preparado, pero es lento donde no halla libertad, inteligencia y capital”, sentenció, al admirar el avance de Estados Unidos sobre esas políticas. Es por ello que el fundamentalismo lo compara con Hitler, o busca agraviarlo a través de los politizados derechos humanos, no obstante que los tuvo en cuenta Sarmiento al educar al soberano. Por eso, como docente, hasta dio clase en la cárcel, cuando estaba detenido por razones políticas.
Mientras se rinda culto a la inteligencia, al patriotismo, a la libertad y a la virtud, las nuevas generaciones segirán admirando a Sarmiento: su pensamiento será la luz que ilumina la senda del progreso. Borges fue lapidario contra el revisionismo tendencioso: "Si en lugar de canonizar el "Martín Fierro" hubiéramos canonizado el "Facundo”, otra y mejor hubiera sido nuestra historia”, escribió.
