En medio del conflicto con las fuerzas policiales de varias provincias, los miembros de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina visitaron a la presidenta de la Nación, esta semana. Su titular y arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, insistió en que "’las fuerzas de seguridad tienen que tener una cadena de mandos y que a la policía se la necesita cumpliendo su tarea”.

Es cierto que la paz social debe ser protegida siempre; que las poblaciones no deben quedar indefensas en absoluto, y que los saqueos son un delito inadmisible, debiendo ser castigados siempre según la ley, pero la coherencia y la transparencia deberían primar en quienes representan a la Iglesia católica. Ésta es liderada por el Papa argentino que cuando era arzobispo de Buenos Aires, fue el único que renunció al sueldo que en la actualidad paga el Poder Ejecutivo a los obispos.

En medio de una etapa difícil para la vida de muchos ciudadanos, a quienes la inflación les licúa sus haberes, y en ciertos casos percibiendo sueldos magros, no tiene eficacia la palabra de quienes están cobrando por la ley 21.950 de la dictadura militar, del 7 de marzo de 1979, una asignación mensual equivalente al 80% de la remuneración fijada para el cargo de Juez Nacional de Primera Instancia.

La gente necesita testimonios creíbles. Por eso es que para la revista estadounidense "’Time”, el primer pontífice argentino es el personaje del año 2013, ya que "’se convirtió en la nueva voz de la conciencia y por haber trasladado el pontificado afuera del palacio y a las calles”. Una de las misiones del pontífice será renovar el episcopado argentino con nombramiento de pastores alejados del lujo y del poder; cercanos a los sacerdotes y a la gente, con un discurso atrayente y coherente.

Es lo que se está buscando ya en Rosario, cuya diócesis y seminario han sido sometidos, por orden del Vaticano, a una visita apostólica para investigarla ante las quejas presentadas por un grupo de más de cincuenta sacerdotes debido, entre otras cosas, al autoritarismo, la arbitrariedad y la falta de transparencia que allí se ejerce. Le corresponderá al Visitador designado, el exarzobispo de Mendoza, José María Arancibia, presentar luego a Francisco todos los informes de lo allí recogido.

Cambiar estas situaciones escandalosas es algo imprescindible si se quiere actuar en línea con un Papa que sabe qué es lo que la Iglesia debe vivir y predicar en la actualidad.