
Es bien sabido que las dictaduras de izquierda de Cuba y Venezuela censuran a los medios, y que el presidente populista de izquierda de México demoniza a los periodistas independientes. Lo nuevo es que algunos gobiernos democráticos de derecha y centroderecha en América latina están intensificando sus ataques contra la libertad de prensa.
Quizás envalentonados por la cantilena del presidente Donald Trump de que los periodistas independientes somos los "enemigos del pueblo", y por sus diatribas diarias contra los reporteros que le hacen preguntas difíciles, el presidente ultraconservador de Brasil, Jair Bolsonaro, y el presidente de El Salvador, Najib Bukele, sobresalen por sus intentos de intimidar a la prensa independiente.
Un nuevo informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) dice que "las libertades de expresión y de prensa están enfrentando los peligros más graves de las últimas décadas" en El Salvador bajo Bukele. El informe de la SIP del 28 de marzo dice que la reciente irrupción de Bukele con tropas del ejército al Congreso para presionar por la aprobación de una ley fue una acción "sin precedentes". Agregó que "el gobierno busca perjudicar, desacreditar e intimidar a sus críticos".
"Al igual que Trump, Bolsonaro llama a los periódicos independientes como Folha de Sao Paulo "noticias falsas" y se burla de los periodistas que le hacen preguntas duras".
Bukele es uno de los ejecutores más estrictos de las reglas de cuarentena obligatorias en América latina.
"El temor es que esta pandemia le dé una excusa para volverse aún más autoritario", me dijo el director ejecutivo de la SIP, Ricardo Trotti.
Al igual que en China, el gobierno de Bukele ha arrestado en las últimas semanas a "cientos de personas" por caminar por las calles sin la debida autorización del gobierno, y está enviando a los infractores de la cuarentena a "centros de contención", dijo el miércoles la organización de derechos humanos Human Rights Watch.
En Brasil, por otro lado, Bolsonaro ha minimizado constantemente la crisis del coronavirus y casi a diario ataca verbalmente a periodistas que lo critican por eso.
"Bolsonaro está haciendo lo mismo que Trump", dice Vivanco de Human Rights Watch. "Es copiar y pegar".
En menor grado, los defensores de la libertad de prensa también están nerviosos por un decreto sobre el Covid-19 emitido el 25 de marzo por la presidenta interina de centro-derecha de Bolivia, Jeanine Añez. Según el vago decreto de Bolivia, quienes cometan "crímenes contra la salud pública" al "desinformar" al público sobre la pandemia de Covid-19 pueden recibir penas de hasta 10 años de prisión.
Sin duda, hay mucha más libertad de prensa en Brasil, El Salvador y Bolivia que en Cuba o Venezuela, donde no hay ninguna. Pero eso no es excusa para lo que está pasando.
Sin una prensa libre, no hay controles sobre la corrupción gubernamental. Y eso tiende a llevar a más corrupción, menos confianza en las instituciones, y menos inversiones. Los presidentes de Brasil, El Salvador y Bolivia, que proclaman ser defensores de la libre empresa y promotores del crecimiento económico, deberían tener eso muy en cuenta.
Por Andrés Oppenheimer
Columnista de The Miami Herald y nuevo Herald, Miami, EEUU.
