La carrera armamentista de Irán sumó una nueva provocación a la paz mundial, al inaugurar el jueves último la primera planta de combustible nuclear, a pesar de las prohibiciones expresas del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a través de distintos organismos internacionales de control del desarrollo y disposición de arsenales atómicos.

No fue casual que el desafío iraní haya coincidido con la celebración del Día Nacional de la Energía Atómica, y suceda a otro amenazante ensayo balístico, como el lanzamiento, días atrás, de un misil de largo alcance supuestamente destinado a poner en órbita un futuro satélite, aunque con una potencial carga de ojivas nucleares.

El polémico presidente Mahmud Ahmadineyad ha blanqueado los avances en el proceso hacia el armamento letal, con dos nuevos tipos de centrifugadoras para enriquecer uranio, no obstante los intentos de Occidente de frenar el desarrollo tecnológico, de acuerdo a las acusaciones lanzadas por el jefe de Estado persa, al hablar en la ciudad de Isfahán, lugar de la planta.

A pesar de las críticas del presidente a lo que calificó de "nuestros enemigos", el régimen de Teherán dice estar dispuesto a conversar sobre su programa atómico con Occidente, incluyendo a los Estados Unidos, pero insistió en que se respeten los derechos nucleares reconocidos internacionalmente a Irán.

Es decir, los logros iraníes tienen una cara oculta con un perfil de chantaje, al amparo de su política armamentista. Hay que esperar ahora la respuesta de la ONU y de sus organismos específicos.