Con una economía recesiva, conflictividad política y una alarmante falta de estadística sólida sobre la situación de nuestro país, no sorprende que el riesgo país de Argentina sea el único que sigue subiendo en el mundo.
A medida que los gobiernos y bancos centrales de todo el mundo fueron anunciando e implementando programas de salvataje para terminar con la restricción crediticia, el riesgo país se redujo masivamente para las naciones en desarrollo y allanó el camino a quienes intentaran volver a los mercados internacionales con nuevas colocaciones de deuda.
Según la medición del JPMorgan, desde el primer día de 2009 hasta hoy todos -incluso el defaulteado Ecuador- se favorecieron con una sensible caída de hasta 40%, en el indicador que mide el riesgo de inversión en un país. Argentina fue, otra vez, la excepción, con una suba del 11% respecto al resto del mundo.
El riesgo país argentino dejó su mínimo histórico (490 pb) el 11 de marzo de 2008, precisamente el día en la presidenta firmó la resolución 125 de retenciones móviles para las exportaciones del agro. Desde entonces se multiplicó casi por cuatro, hasta ubicarse en los 1885 puntos básicos. Hoy, ese índice es sólo menor al de Ucrania y Ecuador, pero bastante mayor respecto a los vecinos: 5 veces al de México; 4,3 veces el de Brasil y Perú; y 3 veces el de Uruguay.
Cuando buscan posibles lugares de inversión, los capitales internacionales se basan en estos informes. Si no son positivos, caso del argentino, es muy difícil que llegue la esperada inversión para paliar la crisis.
