Mientras la comunidad internacional mantiene el estupor y se solidariza con Francia con expresiones de pesar por la masacre del viernes en París, con 130 muertos y 350 heridos, los políticos occidentales buscan coincidencias para eliminar al Estado Islámico (EI), autor de los atentados terroristas según se autoincrininó tras los hechos.
Si bien la opinión publica aun no sale de su sorpresa, las agencias de inteligencia sostienen que nada es aislado y los ataques en Francia eran esperados porque la insurgencia suicida bien planificada tiene objetivos precisos del yihadismo, ejecutados por células locales.
El director de la CIA estadounidense fue categórico al señalar que el EI tienen agenda matar de la manera más sanguinaria posible y ningún país es inmune, aunque haya adelantado que también atacará a Estados Unidos, Australia, Canadá y Bélgica, entre otros, si persisten los bombardeos contra los musulmanes, de acuerdo a un video difundido en Internet. El uso de tecnologías y sistemas cifrados por parte de los terroristas hace más difícil localizarlos y rastrearlos para evitar nuevos ataques y en eso están trabajando los diferentes países de la coalición, como también en asfixiar económicamente al grupo, cortando sus fuentes financieras: venta de petróleo de las zonas ocupadas, los secuestros, el cobro de tributos y extorsiones, así como robos y saqueos. Son las principales ingresos económicos de esta organización terrorista, considerada la más rica del mundo por la revista Forbes.
El G20 se solidarizó con Francia y advirtió que el terrorismo no tiene religión, etnia ni país y pidió luchar contra todas las organizaciones sin diferenciar entre ellas. Pero la penetración de los activistas plantea interrogantes en medio del creciente flujo de refugiados a los que se les debe dar ayuda humanitaria, sin pensar en terroristas en potencia, porque es gente que huyen de la muerte y del sometimiento islámico.
Sin embargo nadie quiere arriesgarse después del viernes y por eso al menos 26 de los 50 estados de EEUU, casi todos bajo control republicano, desafiaron al presidente Barack Obama, al negarse a acoger a refugiados sirios. Argumentan que, según informaciones periodísticas, uno de los sospechosos de los recientes ataques pudo haber llegado a París tras haber cruzado Serbia y Croacia como refugiado.