Dentro de su propaganda de terror, el Estado Islámico (EI) acude cada vez con mayor frecuencia a los llamados ‘cachorros del califato”, que son niños que la organización yihadista prepara para la guerra. Por lo general son chicos captados desde corta edad para ser aleccionados y entrenados en funciones de combate, pueden ser huérfanos o arrancados de sus padres.

En marzo último, el observatorio del yihadismo Quillian Fundation, asociación dedicada a prevenir la proliferación de niños soldados, y las Naciones Unidas, presentaron un informe ante el Parlamento británico debido a que unos 50 niños de ese país estaban en manos del Estado Islámico. La situación es de tal gravedad, que el año pasado el Comité de las Naciones Unidas para los Derechos del Niño, determinó que el ‘EI” estaba usando en Irak niños con algún tipo de discapacidad mental como escudos humanos y como terroristas suicidas. Por otra parte el Observatorio Sirio de Derechos Humanos informó en julio del año pasado, que hubo 19 casos de menores que intervinieron en atentados suicidas.

Es un hecho que la utilización de menores en las guerras no es ninguna novedad, pero en el caso del Estado Islámico lo hace como una práctica perfectamente reglamentada, que no la oculta y que la utiliza como una forma de demostrar cómo se está preparando para el futuro.

Más allá del repudio que se pueda expresar por estas acciones abominables, la situación amerita el inicio de una campaña a nivel global que advierta a los progenitores sobre el riesgo que corren sus hijos de ser víctimas de accionar yihadista, a fin de que estén alertas ante la amenaza de apropiación que hace esta organización.