Más de 60.000 personas han muerto en el conflicto sirio desde marzo de 2011 hasta noviembre de 2012, según la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay. La ONU advierte que se trata de una estimación del número real de víctimas, dado que muchas bajas no han sido contabilizadas por ninguna fuente, incluida el Gobierno, para elaborar el recuento.
Conforme a los datos recogidos, el número de víctimas causadas por el conflicto era de 59.648 de marzo de 2011 al 30 de noviembre último. El estudio demuestra el aumento sostenido de fallecidos conforme el conflicto se extendía en el tiempo: del millar por mes registrado en el verano boreal de 2011 a los más de 5.000 de un año después. La lista se elaboró usando una recopilación preliminar que establecía los muertos en 147.349. Los expertos en análisis de datos fueron eliminando duplicados al identificar el nombre, apellido, día y lugar de la muerte de las personas mencionadas.
El elevado número de víctimas se originó cuando el Gobierno usó la fuerza de forma desproporcionada contra protestas de civiles desarmados que inicialmente eran legítimas y pacíficas. La incapacidad de la comunidad internacional y en particular del Consejo de Seguridad para detener esta masacre es una vergüenza para todos, incluyendo la ausencia de planes para evitar que se produzcan represalias, venganzas y discriminaciones, cuando termine el conflicto como ocurrió en Afganistán, Irak o República Democrática del Congo.
Han transcurrido dos años desde el inicio de la guerra siria y los reiterados esfuerzos en dirección a la paz que se han realizado no han tenido éxito alguno. No obstante, el experimentado diplomático que alguna vez fuera canciller de Argelia, Lakhdar Brahimi, hoy el enviado especial de las Naciones Unidas y de la Liga Árabe para Siria, ha regresado, una vez más, a Damasco para procurar poner en marcha una solución que evite que el horror continúe.
La idea central prevaleciente sigue siendo la de lograr el cese inmediato de las hostilidades y organizar un gobierno de coalición que pueda pacificar al país y convocar ordenadamente a elecciones. Otra vez más, la comunidad internacional ha fracasado al no evitar que cesen los ultrajes a la vida, manifestando una nueva derrota de la humanidad.
