Es que es más que 32 naciones y 30 días. Con el puntapié inicial, dado en Sudáfrica, se inició la culminación de un Vía Crucis que por tres años tuvo en vilo a 208 países nucleados en la FIFA. Un proceso de todos contra todos, muy democrático pero doloroso, apasionante pero inhumano, generador de iluminados y eliminados.

Los fanáticos irlandeses viven el dolor como nadie. Una mano del francés Thierry Henry los dejó fuera del Mundial, ¡qué ironía! justo ellos que todavía celebran como propia "la mano de Dios” del "86 que victimizó a sus archirrivales ingleses. Mientras el autor de aquel pícaro gesto de potrero, recuperado de adicciones e infartos, busca dar la vuelta desnudo a un obelisco, imitando a Franz Beckenbauer y Mario Zagallo, los únicos con doble corona mundialista como técnicos y jugadores. Aunque Diego Maradona, así como Dunga, tiene la posibilidad de la doble hazaña, no podrá ser imitado por siglos. Es el único con prontuario triple ante la FIFA. Fue sancionado y suspendido como jugador por consumir cocaína en Italia, como mundialista por doparse con efedrina en el Mundial del 94 y como técnico por insultar a periodistas tras conseguir la clasificación ante Uruguay. Hay dudas sobre si este Mundial será el cielo o su infierno; más seguro, su purgatorio.

En Europa de escándalos también saben. En Italia el Inter puso en peligro su último título así como hace cuatro años fueron sancionados Juventus, Fiorentina, Milán y la Lazio por dedicarse a arreglar árbitros y partidos. Acusación similar que el presidente de la Federación Inglesa de Fútbol hizo en mayo en contra de España y Rusia para este Mundial; mientras que meses antes, el tema generó razias policiales en Alemania, Suiza, Austria y Turquía, por arreglos de partidos entre mafias y sistemas de apuestas ilegales.

Las manchas también alcanzan a jugadores. Algunos están salpicados por escándalos sexuales, como los franceses Karim Benzema y Franck Ribéry, acusados de solicitar los servicios de una prostituta menor de edad; mientras que el técnico de los ingleses, Fabio Capello, casi el Benedicto XVI del fútbol, en un aquelarre de infidelidades conyugales, tuvo que despojar de la capitanía de su equipo a John Terry por involucrarse con la ex novia de su compañero de equipo, Wayne Bridge, quien prefirió renunciar al seleccionado antes que viajar a Sudáfrica con su amigo traidor.

Borrón y cuenta nueva. El Mundial convierte adversidades en oportunidades. De que el "fútbol da revancha”, saben mucho los brasileños. Bastó el fatídico "maracanazo” de los uruguayos en el "50 para que Brasil despegara como potencia a partir del "58 y desde ahí empezar a hilvanar sus cinco coronas, convirtiéndose en el eterno favorito de mundiales.

Por suerte, la energía del agujero negro tiene vida efímera. Tras las primeras dos semanas y los primeros 16 seleccionados eliminados, se producirá el big-bang de efectos predecibles. Varios técnicos saldrán expulsados hacia otras galaxias y a años luz de volver a dirigir, los jugadores quedarán exhaustos o insultados y los fanáticos, los más importantes, quedaremos con una sensación de vacío insuperable, desorientados, con cábalas que no funcionaron e imaginando mejores suertes, así sea con no convocados, como Ronaldinho y Zanetti, o con lesionados, como Beckham y Ballack. Mejor que todo sea rápido.