– sábado 12-06-10
Si se le diera a la palabra el valor sustancial que tiene se podrían ahorrar muchos mal entendidos y algunas graves tergiversaciones que luego pesan sobre la conciencia colectiva.
Pero como en tantas otras cosas de la época actual, la palabra ha sido devaluada y ello genera sorpresas y complicaciones.
Un ejercicio que confirma la devaluación de la palabra es el análisis de los discursos políticos y oficiales que ocupan un buen sector del espacio público sin dejar en claro los verdaderos propósitos que se anuncian.
Hecho éste que posiblemente genere más dudas que certidumbres y que deja al ciudadano en un estado casi de soledad en momentos de transición y cambio en los que el hombre necesita clarificarse.
El eje del entendimiento. La palabra es vinculante de la idea y reveladora de los sentimientos y de las impresiones y su peso en la apreciación de la realidad circundante es total. Por lo tanto hay que bien utilizarla.
"Creo como buen ciudadano preferir las palabras que salvan a las palabras que gustan..”, dijo Demóstenes de Atenas, el modelo de la oratoria griega que vivió trescientos años antes de la era cristiana y que reveló así el profundo significado de la palabra.
Hoy hay una gran confusión con respecto al diálogo, a los discursos públicos y oficiales, a las propuestas ciudadanas, justamente por la devaluación de la palabra y se siembran así ilimitadamente las incertidumbres.
No es sólo que se habla mal sino que se lo hace sin sentido porque se invalida el verdadero significado de la palabra lo cual siempre tiene un riesgo, empezando por la confusión respecto de un mismo tema.
Invalidar el significado de la palabra es propiciar estados de confusión que llevan luego a crisis basadas en desentendimientos y que son como una barrera para la comprensión y el diálogo.
Mucho se ha dicho sobre diálogos y discursos pero tal vez no siempre se ha mensurado debidamente la importancia de la aplicación de la palabra en una época en la que todos hablan y todos opinan.
La tergiversación del significado de la palabra puede acarrear equivocaciones desde su interpretación a sus posibles aplicaciones en la comunicación y, estas equivocaciones, generan más situaciones confusas.
Un ejemplo perverso. Si se piensa en la palabra y se observa su uso en los entredichos de las llamadas barras bravas se cae en la cuenta de que la palabra conoce el abismo que no es otra cosa que el abismo cultural moderno.
Los integrantes de esas barras no ahorran los insultos ni los ademanes insultantes y las cámaras de televisión reiteran varias veces esos hechos con lo cual la nota periodística se convierte realmente en una ofensa al ciudadano.
Según la agenda de la competencia mundial de fútbol estas barras subsistirán y verlas será inevitable, por lo tanto padres y docentes deberían hacer notar a los adolescentes la negatividad de esas conductas.
Ellos son -de alguna manera- los custodios de la conducta juvenil que, como está en construcción en lo que hace la vida de un ser humano, hay que cuidarla para que sea una buena base de vida.
Nada enseña tanto como el ejemplo porque permite llegar más rápido al entendimiento de una situación ya sea para bien, es decir para que se imite una forma de ser o para que se evite en el caso de ser negativo.
A este tipo de conclusiones hay que llegar aprovechando las distintas circunstancias que se advierten a partir de los juegos que gustan a los adolescentes y a la gente joven hasta llevarlos a la euforia.
Queda mucho por hacer respecto del diálogo y del entendimiento de las personas afectas a los mismos acontecimientos, personas que desde una tribuna mundial mentalmente construida acceden a un escenario más que singular.
Mientras se observan las distintas instancias de una competencia se dialoga y ésta puede ser una buena oportunidad para el uso correcto y preciso de la palabra porque su significado deberá ajustarse al momento de la cada acción.
Es decir la palabra no debe alterar ni significados, ni sentimientos ni situaciones, por el contrario debe precisar las distintas instancias de una misma situación para poder llegar al entendimiento y al respeto.
