Saber que el hombre común muchas veces ve más allá de los acontecimientos es una verdad que no necesita demostración, hay registro de ello en forma frecuente, registros que revelan el estrecho vínculo del hombre con los acontecimientos.

Además, el hombre intuye que existe algún motivo para que las cosas sean esencialmente como son, no simplemente como aparentan ser ante el imaginario colectivo. Por ello, no es fácil el acierto permanente como no es justa la negación por la negación misma.

Son cosas que se aprenden viviendo, no de otra manera. Porque es la experiencia de los hechos comunes la que coloca al ser humano en las puertas de realidades de muy distinta naturaleza. La sabiduría existe, no se reinventa a cada rato. "La vida es para pasar por ella y dejar una huella que otros puedan seguir”, nos dijo años atrás el doctor Emilio Etala, en momentos en que aparecía en Rusia su Atlas de la Cirugía Digestiva, con las fotografías de 1.400 intervenciones que había hecho a lo largo de su historia como cirujano.

Esa frase -que más que una frase es una sabia afirmación nacida de la experiencia cotidiana- encierra verdades irrefutables, verdades que es necesario tener en cuenta cuando se revisan o analizan los procedimientos propios.

Es cierto también que la velocidad de los acontecimientos nos aleja de muchas verdades. Pero no lo es menos saber que es necesario detenerse y analizar aquello que más llama la atención o lo que ha impactado en momentos especiales.

Sean cuales fueren los acontecimientos que han llamado la atención, el epicentro de la cuestión siempre es la vida, la vida en todas sus facetas y en todas las circunstancias. Por ejemplo, ¿quién puede desligar de la vida el accidente de hace unos días que costó la vida de catorce niños, en Santa Fe? ¿Quién no se estremeció pensando en su propia vida o en la de sus seres queridos..? ¿Quién no pensó en la fragilidad de la vida humana y en lo pasajero de los sueños que emergen de la permanente fantasía íntima?

Un antiguo y singular aporte. "Sólo la fantasía permanece joven; lo que no ha ocurrido jamás, nunca envejece”, escribió alguna vez el poeta alemán Friedrich von Schiller (1746-1828). Y es justamente en el mundo de la fantasía donde se intuyen verdades que el tiempo demostrará. Es allí donde se ven perfilados los ideales y donde la sensibilidad genera ideas.

Escritores y poetas han dignificado el estrado de la fantasía sin dejar de pertenecer al exigente mundo de los hechos concretos. A veces los acontecimientos preanuncian otros que estaban lejos de suponerse.

Un mundo controvertido pero leal. En la actualidad se vive una yuxtaposición de acontecimientos que hacen difícil la síntesis de una verdad única. El hombre se acostumbró a ello y desestima de inmediato lo que a él no le interesa.

No carga ni asume con nada que no arroje de inmediato resultados para sus proyectos o inquietudes. El hombre de hoy no sueña y, por lo tanto, no erra en sus conductas casi siempre acotadas. "Si cada día hallara una nueva verdad en mí espíritu, y al hallarla tuviera que destruir cada día mi vida por completo, sin dudar la destruiría, para vivir cada día una nueva vida con una nueva verdad”, dijo el dramaturgo español Jacinto Benavente (1866-1954)

Se demuestra de esta manera que todos los interrogantes que agitan al hombre moderno fueron experimentados a lo largo del tiempo lo cual revela que hay incógnitas que acompañan por siempre en la vida. Hoy se vive rápido y se opina y actúa de la misma manera lo cual no garantiza que en el interior del ser humano no queden sepultados los grandes interrogantes, aquellos cuyas respuestas no son fáciles. La vida no es fácil para nadie que quiera ir más allá de las razones cotidianas, pero el hombre está dotado de una comprensión que le permite clarificar todas las situaciones de su particular interés.

Lo inevitable. Sensibilizó al extremo ver las madres y hermanas de los chicos malogrados. Esa sorpresa que entierra sueños que no se pudieron alcanzar y palabras que no se alcanzaron a pronunciar y que tal vez el otro las esperaba.

En todo caso lo que siempre queda en la superficie es la fragilidad del ser humano quien algunas veces es rey y amo de su vida y en otras oportunidades la vida aprieta para poner las cosas en su lugar.

Todo lo que sucede, como el accidente mencionado, le dice al hombre que no es el rey y amo de su vida pero también le sugiere que tiene un poder especial para soportar lo que encuentra por delante.