En este último tiempo se vienen realizando a nivel nacional una serie de encuentros, destinados a difundir y reafirmar, una clara posición respecto del desarrollo de la actividad minera. Por esta razón deseo señalar, que observo con satisfacción todas estas iniciativas que fortalecen la activa participación ciudadana, sobre todo cuando debo admitir adicionalmente, que muchos de los que vienen impulsando un debate respecto de la minería, defienden una convicción y punto de vista que por sobre cualquier tipo de diferencias, me parece legítimo y respetable.
Hace más de 20 años tuve el honor de presidir la primera Federación de Estudiantes de Ingeniería de Minas que se organizó en el país. Una Federación, que no solo tuvo la osadía de organizar el Primer Seminario Debate y el Primer Simposio Minero del que se tenga memoria, sino que fue capaz de reunir a todos los estudiantes del país, para concluir en un documento donde en parte se expresaba lo siguiente "Que la economía del país había sido incapaz de alcanzar un desarrollo compatible con su potencial, porque la minería no había podido acompañar el nivel de desarrollo alcanzado por la industria y la agroindustria… y que avalados en la existencia de un recurso minero y un probado interés geológico-minero, nuestra nación debía avanzar en un objetivo desarrollo minero, para contribuir a la transformación del país y de algunas de nuestra economías provinciales".
Quiero manifestar con cierta emoción, que desde aquel momento he venido luchando incansablemente para que la Minería a través de un adecuado desarrollo minero, se constituya en el acicate que necesita nuestra provincia, para terminar con las asimetrías que históricamente han empujado a nuestro pueblo interior, hacia la carencia, marginalidad y pobreza. Esta lucha que siempre ha sido transparente, noble y pública, la he desplegado desde una concepción política que siempre ha defendido un pensamiento y una doctrina nacional; que nunca ha estado sujeta a interés mezquino alguno y que siempre ha estado supeditada, a los imperios que impone mi condición de profesional minero y a los compromisos que se vinculan tan solo, con mi conciencia.
Muchas veces he reflexionado respecto de la posibilidad que nos asiste, de poder imaginar la sociedad que se nos antoje. Pero lo objetivo es que cualquiera sea el escenario que imaginemos ante esa hipotética sociedad, la verdad es que jamás podrá prescindir de la minería y sus minerales. Esta afirmación que no es antojadiza, se relaciona con el enorme desarrollo alcanzado por la humanidad y se relaciona de igual manera, con la adicción de una sociedad que cada día es más demandante de un desarrollo tecnológico e industrial y más suplicante, de todo ese bienestar que con todos sus horrores y virtudes describe a nuestro siglo XXI. Quienes hoy nos visitan, difícilmente podrían haber arribado con la rapidez, confort y comodidad, que le deben en gran parte a la minería.
Muchas veces he meditado también, respecto de la enorme potencialidad que reviste nuestro recurso minero y de las extraordinarias posibilidades que emergen a partir de él, para generar desarrollo y bienestar, pero mas que nada, para generar condiciones dignas de vida y de trabajo.
Toda esta reflexión es la que me ha llevado a disentir con quienes desde una posición que es respetable, se oponen doctrinaria e ideológicamente a un desarrollo minero y de quienes irreflexivamente intentan sostener como contraparte, que la minería en nuestros países subdesarrollados, es posible de cualquier forma y a cualquier costo.
Por esta razón, estimo que este encuentro que cobija a ilustres visitantes en esta San Juan que reconoce una actividad minera largamente centenaria y que esta llamada además, a consolidarse como la provincia minera más importante del país, se presenta no solo en un momento especial para deliberar respecto de la Protección de los Glaciares y la Vulnerabilidad del Ecosistema, sino que en un momento ideal, para debatir un Modelo de Desarrollo Productivo Minero que permita extraer racionalmente nuestros recursos mineros; en la escala de una Minería Nacional; orientada a sustituir las importaciones; favoreciendo un franco desarrollo industrial e impulsando, una efectiva Estrategia de Desarrollo y Crecimiento y Regional.
Estimo finalmente, que este es el debate que objetivamente nos debemos como sociedad, porque esa Argentina previsible, inclusiva, justa y solidaria que es la única que nos permitirá reducir la marginalidad, pobreza e indigencia que nos salpica en todo momento la cara, no se construye desde retóricas valóricas, ni desde posiciones cerradas, se construye desde los esfuerzos que deben ser los hilos conductores de una Argentina que privilegie definitivamente, la cultura de la energía productiva y la cultura del trabajo.
