La ingesta de bebidas alcohólicas, mezcladas con distintas sustancias, es una práctica que se está haciendo cada vez más habitual entre los jóvenes de corta edad que buscan nuevas experiencias, basándose en consejos que en la mayoría de los casos provienen de personas inescrupulosas que se animan a recomendar recetas que no están científicamente comprobadas. El último fin de semana, la noticia de que dos jóvenes de entre 15 y 16 años ingresaron al Hospital Rawson, de nuestra ciudad, con fuertes dolores estomacales por haber consumido cerveza mezclada con lavandina causó gran conmoción a pesar de que en el centro de salud dijeron que están acostumbrados a recibir estos casos.

La mayoría de los excesos se producen durante las reuniones denominadas "previas” en domicilios particulares, antes de ir a bailar. En estos encuentros de pequeños grupos, los jóvenes comienzan a consumir bebidas alcohólicas para estar más animados en las fiestas. Así comienzan a experimentar con distintas mezclas, a fin de obtener tragos que estimulen sin interesar lo pernicioso que pueden resultar para la salud.

Lo grave del caso es que las "previas” se realizan en casas de familia o sitios a los que los hijos concurren habitualmente con el consentimiento de sus padres. De ahí lo inexplicable de cómo pueden suceder estos hechos vinculados al consumo de mezclas dañinas en lugares donde tendría que haber un adulto que controle el comportamiento de los jóvenes. Mientras no haya un mayor compromiso por parte de los progenitores para controlar estas conductas, la ingesta de mezclas seguirá avanzando, perjudicando a los adolescentes que no están siendo orientados correctamente.