Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), acaba de asumir como presidente de los mexicanos. Ante él se presenta una larga lista de problemas y entre ellos el más urgente es el de la inseguridad. México afronta el mayor brote de violencia vinculado al narcotráfico.
El gobierno del presidente saliente, Felipe Calderón, dice que debido a la escalada de violencia en 2006, no tuvo más alternativa que lidiar con el asunto buscando ayuda en el Ejército. Tan sólo este año tuvieron lugar varias masacres con decenas de cadáveres mutilados. Muchos de los cuerpos fueron hallados colgando de puentes y sus cabezas seccionadas abandonadas frente a edificios públicos dentro de heladeras portátiles, macabros eventos con el fin de extender el miedo entre la población local.
Algunas bandas han evolucionado en vastas redes criminales, especialmente en el caso de Los Zetas que, originalmente conformada por personal militar de México y Guatemala, hoy controla franjas del noroeste del país. El otro gran grupo es el cártel de Sinaloa, liderado por Joaquín "Chapo” Guzmán, el narcotraficante más buscado del mundo. Enfrentar a estos cárteles supone un reto enorme para el nuevo presidente. La gestión de Peña Nieto tendrá que decidir pronto si continúa con la estrategia militar o emplea una nueva táctica.
La lucha contra el crimen organizado va a ser sin duda una tarea difícil y la impunidad es todavía un enorme problema, ya que se estima que el 97% de los asesinatos vinculados al narcotráfico quedan impunes. El gobierno saliente intentó introducir nuevas medidas anti-corrupción, incluyendo una campaña de concientización pública y el recorte de ciertos organismos del gobierno.
La guerra de las drogas ha complicado aún más el tema de la corrupción, dado que los narcotraficantes tienen recursos para comprar apoyo a voluntad. Los cárteles han infiltrado a la policía y los organismos judiciales de varios estados y muchos mexicanos tienen poca o ninguna confianza en las instituciones públicas, como las fuerzas de seguridad. Seis años de enfrentamientos han destruido muchas comunidades y el éxodo hacia la relativamente tranquila Ciudad de México es constante. Según la Encuesta Nacional 2012 del Gabinete de Comunicación Estratégica, para el 65,8% de los mexicanos el Estado va perdiendo la guerra contra el narcotráfico.
El proceso de fortalecer la cohesión social en México y luchar contra los narcos es un desafío que resulta crucial para el nuevo gobierno y el futuro de los mexicanos.
