La candidatura de Peña Nieto por el PRI -el partido que gobernó este país durante siete décadas hasta que fue derrotado en las elecciones de 2000- encabeza las encuestas con una ventaja considerable de 15 puntos. Tiene el respaldo del 44,4% de los votantes, seguido por el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador, con 28,7%, y la candidata de centro derecha Josefina Vázquez Mota, con 24,6 por ciento.

Es cierto que podría haber una sorpresa de último momento. Ha surgido un creciente movimiento estudiantil anti-Peña Nieto conocido como "Yo soy 132” y aunque hay 14 millones de mexicanos de menos de 23 años que votarán por primera vez, y muchos apoyan a López Obrador, también es cierto que alrededor del 75% de los jóvenes mexicanos no votan.

Además, está el "factor miedo”. López Obrador asustó a muchos en 2006, cuando perdió las elecciones por menos del 1%, se negó a aceptar su derrota y encabezó manifestaciones de protesta. Sus críticos lo pintan como un populista radical al estilo del venezolano Hugo Chávez.

Pero a diferencia del presidente de Perú, Ollanta Humala, que ganó las elecciones de 2011 gracias al crucial apoyo del premio Nobel Mario Vargas Llosa, López Obrador no tiene una figura similar que lo ayude a calmar los miedos de muchos votantes. Los mexicanos tienen un temor innato de la inestabilidad y la violencia política, algo que se remonta a la Revolución Mexicana de 1910-1917, que dejó más de un millón de muertos.

Peña Nieto, ex gobernador del Estado de México que es más conocido por su cara de galán de TV y su publicitada boda con una actriz, que por ser un gran pensador, promete un "cambio responsable”. Sus principales asesores económicos son economistas ortodoxos. El candidato rechaza la idea de que su gobierno podría ser autoritario porque gran parte de los poderes presidenciales pasaron a los gobernadores, hay una Corte Suprema independiente, y es por naturaleza un político conciliador. Sus prioridades serían aprobar las demoradas reformas en las áreas de salud, trabajo, impuestos y energía, así como la reducción de la violencia que ha dejado alrededor de 50.000 muertos en los últimos cinco años.

Los críticos del PRI afirman que el partido no podrá despojarse de su tendencia a la corrupción. Durante casi un siglo, el PRI ha privilegiado los grandes negocios con sus amigos -que dieron lugar a muchas de las grandes fortunas mexicanas-, la compra de votos, el fraude electoral y el soborno y la intimidación para controlar los medios. Aunque Peña Nieto incluye algunas caras nuevas, la mayoría pertenecen al viejo PRI, dicen sus críticos.

Mi opinión: Aunque la elección será mucho más reñida de lo que sugieren las encuestas, es probable que Peña Nieto gane. Tiene el partido mejor organizado, ha gastado mucho más dinero que sus rivales en propaganda televisiva, y muchos mexicanos parecen dispuestos a aceptar niveles tolerables de corrupción a cambio de menos violencia y la promesa de mayor prosperidad. Una victoria de Peña Nieto probablemente no convertiría a México en la "dictadura perfecta” que fue en los gobiernos del PRI durante gran parte del siglo pasado -muchas cosas han cambiado- pero probablemente convertiría al país en una democracia más imperfecta de la que ha sido durante la última década.