Desde el 22 de agosto último, en que desapareció Candela Sol Rodríguez de 11 años, el país quedó sumido en la ansiedad y esperanza de que la niña apareciera con vida. La noticia conocida finalmente consternó a toda la población. Este hecho ha llevado a conocer una vez más la triste noticia de que en la actualidad, 210 chicos menores de 18 años son buscados por sus familias en Argentina, según la organización humanitaria Missing Children.
En lo que va del presente año, tres chicos desaparecen por día en la Argentina. Sobre los niños perdidos en 2010, en dos de cada tres casos se fueron de sus casas por conflictos familiares (el 26% del total), la mayoría (261) por su papá o mamá. El problema atraviesa todas las clases sociales, y en cuanto a las edades predominan los adolescentes: el 63% tiene entre 13 y 17 años, el 19% entre 7 y 12, y el 17% es menor de seis años, de acuerdo a las estadísticas.
Las denuncias de desapariciones fueron en aumento: en 2007 hubo 523, contra las 1088 del año pasado. Desde 2000 hasta hoy, Internet ha influido de manera directa en la desaparición y también en la búsqueda de personas. Por un lado representa una red de conexión cada vez más poderosa en cuanto a la difusión, pero también es una forma de captar gente para redes de trata o pornografía. Desde que en 1998 inició la búsqueda la mencionada institución solidaria, ha sido encontrado más del 90 por ciento de los niños perdidos.
En el caso de la muerte de Candela Rodríguez, la Justicia deberá ocuparse si la pequeña fue secuestrada a raíz de un ajuste de cuentas contra el padre de la niña, preso porque integraba una banda de "piratas del asfalto”, o bien contra otro integrante del entorno familiar relacionado con un personaje de una villa del partido bonaerense de San Martín, que tiene varias causas por narcotráfico.
Más allá de este trágico desenlace, la misma comunidad debería practicar, en relación con la pérdida de niños, un concienzudo examen introspectivo, pues algo en su seno anda ciertamente mal. Debe tenerse en cuenta que la mayoría de los chicos buscados, quizás hasta un 60 por ciento, no han desaparecido como consecuencia de robos, engaños o violencias culpables, sino por su propia voluntad y debido a una mala convivencia con sus padres.
Todo revela la persistencia de condicionamientos culturales de signo desfavorable, de modalidades de comportamiento que deben ser imperiosamente corregidas si se aspira a un desarrollo social armonioso y sano.
