Desde el próximo 3 de abril quedará vedado a los argentinos que viajen a otros países la posibilidad de adquirir divisas mediante extracciones de cajeros automáticos del exterior a cuentas locales y en pesos. La disposición del Banco Central -"A" 5294- busca perfeccionar el régimen cambiario que rige desde octubre, cuando se ordenó que las compras de divisas de particulares debían ser autorizadas por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y estar relacionadas con un patrimonio declarado.

La medida se enmarca en los esfuerzos del Gobierno nacional por administrar la cuenta de capital de la economía para mantener un saldo superavitario de en dólares, lo que incluyó además crecientes restricciones a las importaciones mediante licencias no automáticas de discrecional tratamiento y las transferencias de utilidades empresarias, entre otras cosas. Además, la obligatoriedad de obtener conformidad previa para acceder al mercado de cambios a una extensa serie de actividades que estaban exentas, como películas, recitales, primas de futbolistas; servicios de información e informática; empresariales profesionales y técnicos; regalías, patentes y marcas; derechos de autor, o servicios por transferencias de tecnología.

Concretamente, a partir de la vigencia de la nueva normativa, quienes tengan una caja de ahorro o una cuenta corriente en pesos ya no podrán retirar dólares con tarjeta de débito en el exterior, para debitarlos en moneda argentina y sin tener que pagar una comisión por ese movimiento. Se trata de un nuevo modo de quitar grados de libertad para disponer del propio patrimonio o ingresos, y establecer una igualdad entre el ciudadano que no viaja que no puede comprar dólares sin autorización de la AFIP. El nivel del gasto público y el aumento de las importaciones, que en 2011 alcanzaron los 74.000 millones de dólares, es una cifra alarmante que no se ha traducido en un mayor nivel de productividad. Sin embargo la mejor forma de mantener el consumo y el crecimiento del PBI es facilitando las inversiones de capital y no dando señales contradictorias a los mercados.

Lo mejor en un sistema democrático no es restringir libertades y derechos para controlar el gasto individual, sino que las importaciones y pagos al exterior tengan una consecuencia lógica en el mercados de crecimiento económico nacional.