Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 2% de la población mundial sufre hepatitis, enfermedad caracterizada por una inflamación en el hígado, con una tendencia creciente por factores que contribuyen al contagio. En nuestro país, si bien no existen estadísticas actualizadas, se calcula que más de 900.000 personas la padece a causa de agentes virales, en los tipos A, B y el C.
Lo preocupante es que quien padece hepatitis viral no lo sabe, porque muchas de estas personas no presentan síntomas, a pesar de que son muy fáciles de detectar. Las diferencias es que la hepatitis A se cursa de manera aguda, es decir, con síntomas precisos como cansancio intenso, ictericia (ponerse amarillo) y coluria (orinar oscuro), pero los virus B y C pueden mantenerse asintomáticos por 20 o 30 años y cuando aparecen las manifestaciones típicas suele ser demasiado tarde. Por ello la importancia de un diagnóstico temprano, donde agentes como el A y el B son prevenibles por vacunas.
La detección precoz es vital, ya que la mayoría de las hepatitis crónicas pueden tratarse si se diagnostican a tiempo. Con el tratamiento adecuado, el virus C se puede erradicar por completo del cuerpo, mientras que con el B, queda una carga mínima alojada en los ganglios linfáticos y la enfermedad sólo se reactiva cuando el paciente está inmunosuprimido. Pero sin un abordaje adecuado, las B y C crónicas pueden desembocar en cáncer hepático o cirrosis, que requieren trasplantes. En esta instancia llama la atención que los médicos clínicos no suelen pedir las pruebas que podrían llevar a la sospecha de una hepatitis, como el llamado "hepatograma” hasta los análisis que la confirman, es decir, la serología. observan los especialistas.
No obstante, Argentina es el primer país en América latina en incorporar al Calendario Nacional de Vacunación a toda la población adulta, con carácter gratuito y obligatorio, sumando un nuevo grupo etario al de los menores de uno a 11 años, de manera de proteger contra esta patología a casi 11.000.000 personas en todo el país.
Lo fundamental es tomar conciencia de los riesgos potenciales de contraer esta epidemia silenciosa que se transmite a través de líquidos corporales infectados, como la sangre, por contacto sexual, de madre a hijo durante el parto, o a través de material médico contaminado.
