Las reuniones de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), terminan igual que todas las citas proteccionistas internacionales. Los debates esclarecidos, fundamentados con hechos irrefutables, caen por el peso del interés económico.
En el último encuentro en Madeira, Portugal, entre los países depredadores Rusia, Noruega y Japón, reclamaron rever el sentido de la organización, de manera que la caza de cetáceos sea la base de actuación del organismo y no del bienestar de las ballenas. Esta Comisión fue creada en 1946 por 17 países que se asociaron para regular la caza ballenera y lleva 61 plenarios, donde exponen los socios y se reciben informes del comité científico y de los subcomités técnicos.
Las naciones que presionan para reanudar la caza, argumentaron que la función original de la CBI no es la protección de las ballenas. Además que la regulación de su captura debe tener una mayor referencia con un eventual acuerdo sobre gestión de las poblaciones de los mamíferos marinos. Por ejemplo Noruega, esgrime estos argumentos para negarse a incorporar en sus buques balleneros inspectores que recopilen datos relativos a la supuesta caza regulada. Junto con Islandia han rechazado reiteradamente la moratoria de 1986 y mantienen capturas con fines comerciales, mientras Japón caza casi un millar de rorcuales al año en un programa "científico", aunque los especímenes terminen en el mercado.
Peor aún, estas posiciones egoístas impiden la creación de un santuario de ballenas en el Atlántico Sur, liderado por Brasil y Argentina, pero bloqueado siempre por Japón.
