El reciente triunfo de Sebastián Piñera, en Chile, sin duda alguna muestra un claro giro de Latinoamérica hacia otro tipo de políticas que conjuntamente con Uribe, en Colombia, se muestran como los pioneros del cambio.

Sería importante saber cómo el pueblo chileno produjo este giro, luego de soportar una serie de contingencias políticas y económicas hasta desembocar hoy en un país ordenado, disciplinado y digno con una economía floreciente.

El milagro chileno, como lo llaman muchos, comenzó durante el gobierno de Augusto Pinochet, con sus políticas antiinflacionarias, de reducción del gasto y privatizaciones bien hechas de empresas estatales y aplicación férrea de políticas keynesianas. También planes de vivienda para los sectores mas humildes y la ocupación de los cesanteados, creando los planes PEM Y POHIT donde desde obreros, hasta ingenieros, hacían labores hermoseando espacios públicos a cambio de un sueldo mínimo entre tantas otras.

El lado oscuro por cierto, fue la política de represión que sufrió el pueblo chileno que sin lugar a dudas ha dejado una herida profunda. No obstante ello, existe un sector importante en la sociedad chilena, que mantiene la figura de Pinochet como el artífice del orden, crecimiento, disciplina y respeto institucional que hoy existe y posiblemente sea cierto.

Michelle Bachelet, dejará su gobierno con casi 80% de imagen positiva y como la primera mujer presidente de Latinoamérica que finaliza un gobierno exitoso en tiempo y forma y negándose a ser reelecta.

Los últimos índices dan la inflación más baja en 70 años y un crecimiento sostenido del PBI. Carabineros es la institución con menor corrupción del Estado, y la educación laica bilingüe prioriza las carreras técnicas a las humanistas, copiando el sistema de inglés y francés.

Los últimos momentos de la contienda electoral, se vieron con dos candidatos, los cuales respetaban sus dichos, sin agresiones ni ofensas, y mostraron un alto nivel cívico en un comicio rápido, claro, y con un muy ajustado resultado.

La verdad, el socialismo del vecino país queda como una mera apostilla retórica, y deja en claro que el pueblo chileno, está más allá de cualquier ideología; por encima de todo está su largo y creciente país.