Entre los factores que fragmentan a los educandos y que por ende contribuyen a no superar la desigualdad desestabilizando las capacidades formativas de base para el desarrollo educacional y la ciudadanía democrática, se encuentra la concepción de la docencia como profesión o la consideración de los profesores como trabajadores de la educación. Tales pensamientos han sido sembrados paulatinamente por las denominadas Ciencias de la Educación que sin escrúpulo alguno han pretendido desterrar a la Ciencia Pedagogía del marco rector y formativo en la educación. Lo sucedido está teñido de una ideología que procura forzar nuestro sistema educativo incorporando a profesionales, técnicos o analistas que nada tienen que ver con la educación y menos aún con la formación en los profesorados. Recordemos que docentes de alguna manera somos todos y trabajadores también pero profesionales de la educación son solamente quienes se han titulado en carreras pedagógicas de los profesorados nominándose específicamente como profesores para todo nivel educativo. Prepararse tanto intelectual como éticamente para encontrarse con estudiantes, no sólo en la teoría sino también en la práctica, es un desafío que hoy requiere de la formación docente ante las nuevas políticas sociales y económicas, independientemente de los niveles de desarrollo, historia, política y cultura alcanzados por nuestra comunidad nacional, confrontar con nuevas ideologías desestabilizadores de la administración de la educación. Tales requerimientos se orientan en forma convergente hacia mayores exigencias para el profesional de la educación, que debe tener como base, entre otros condicionamientos de naturaleza local o internacional, expectativas educacionales para todos los grupos inspirados en una calidad de la educación de enseñantes cualificados en metodologías pedagógicas y conocedores de la diversidad sociocultural de un pueblo debilitado institucionalmente en su constitución familiar y en las estructuras orientadas a la socialización. Los profesores encuentran cada vez más su campo profesional invadido por concepciones populistas de sindicatos docentes que no generan más que respuestas a condiciones laborales y salariales ignorando el perfeccionamiento, la investigación y el compromiso con las prácticas pedagógicas.