La mayoría de los municipios tienen serios inconvenientes con el mantenimiento de las plazas, plazoletas y demás espacios públicos a consecuencia de los desmanes que a diario se registran, especialmente en horas de la noche o la madrugada. Los recursos que periódicamente se asignan para mejorar el parquizado, la arboleda, la iluminación y la infraestructura en general, se convierten en un gasto sin sentido que las comunas podrían invertir en otras obras, tan o más necesarias, si encontraran la forma de proteger estos sitios que son de todos, pero que en ocasiones parecen no pertenecer a nadie.
La historiadora urbana Sonia Berjman, sostiene que en nuestro país hay una tendencia que hace que los vecinos "ya no gozan el espacio público, sino que lo padecen” y esto es así porque las plazas y plazoletas no están cumpliendo con los objetivos para los que fueron creadas. "En estos sitios -agrega la especialista en plazas y parques con estudios en la UBA, la Sorbona y Harvard- no se puede jugar al fútbol, ni tomarlos como feria. Tampoco se pueden desarrollar otras actividades que no sean las específicas para lo que están pensadas, porque de lo contrario el sentido se desvirtúa y se las termina utilizando para cualquier cosa dando lugar a los inadaptados sociales que se divierten destruyendo el patrimonio público”.
Dejar que en las plazas grupos de personas inescrupulosas realicen actividades reñidas con las buenas costumbres, es darles la oportunidad de tomar estos espacios como cuartel general, despojando a los vecinos de un lugar apropiado para disfrutar de la naturaleza y desarrollar actividades recreativas y sociales.
En nuestra provincia, cada uno de los 19 departamentos tiene una plaza principal, un par de plazas secundarias y decenas de plazoletas que requieren mantenimiento permanente.
En la mayoría de los casos, las plazas departamentales están en buenas condiciones gracias a que se encuentran cerca del municipio u otros edificios públicos que, generalmente, se encuentran emplazados en la zona céntrica de los respectivos departamentos.
Distinto ocurre con las plazas secundarias o plazoletas que, en ocasiones, pasan meses sin que personal municipal las visite para limpiarlas y reparar aquellas cosas que, irremediablemente, son dañadas debido a la falta de vigilancia o control, como los bancos y juegos infantiles.
Podemos decir que tenemos una excepción al referirnos al buen estado en que se encuentra la remozada plaza Hipólito Yrigoyen, en la que la Municipalidad de la Capital realizó una inversión millonaria para mejorar su aspecto y refuncionalizar sus áreas habilitando el sector de baños públicos, que la comunidad estaba reclamando. Es de esperar, lógicamente, que la ciudadanía cuide este paseo público facilitando su mantenimiento y conservación, y se termine todo tipo de vandalismo que provoca pérdidas irreparables para el patrimonio público.
La mayoría de las plazas de Buenos Aires, como de otros puntos del país, entre ellas las plazas principales de cada provincia, fueron diseñadas en base a los conceptos introducidos por Carlos Tahys, un diseñador de espacios públicos francés quien sostenía que si "se quiere mantener el valor de una plaza , debe respetarse el objetivo con que se hizo”.
Hasta 1880, la mayoría de las plazas de nuestro país, inclusive de nuestra provincia, seguían el modelo hispano árabe que trajeron los españoles: plazas secas, sin árboles. De ahí en adelante, con la intervención de Tahys se empezaron a ver las plazas con verde, como las que hay en Francia, principalmente en su capital, París.
En cada uno de los municipios sanjuaninos el problema del mantenimiento de las plazas pasa por la falta de control de los paseos públicos. La desaparición de la figura del sereno o placero hace que hermosos espacios recreativos sean "tierra de nadie”, en las noches, y que al otro día nos encontremos con bancos y farolas rotas, monumentos avasallados, jardines inexistentes y juegos infantiles maltratados.
Insistir en no colocar personal que se encargue de vigilar y controlar el uso de las plazas y plazoletas es no valorizar lo que una plaza representa para el vecino y el costo que le implica al municipio mantenerla en buenas condiciones.
