En nuestra provincia cada vez son más comunes los casos de violencia familiar, en la que los maridos terminan golpeando a la mujer, a los chicos, o provocando daños materiales como el incendio de casas en represalias por los propios conflictos de pareja.

En lo que va del año se conoce más de una decena de casos, destacándose algunos por la violencia ejercida o las consecuencias que esta forma de actuar ha tenido para las familias, dejando en situación de vulnerabilidad a mujeres y niños. También se han registrado algunos hechos de violencia contra los hijos por parte de mujeres, aunque sin la trascendencia de los anteriores.

Se considera que por cada caso de violencia familiar que toma estado público hay diez que quedan en el silencio o en el anonimato, ya sea porque la parte afectada resuelve no denunciarlo o porque al denunciarlo la Policía lo desestima. También existen casos en que la propia Policía o personal de Acción Social de los municipios han convencido a las partes de llegar a un arreglo y frenar las agresiones.

El caso del hombre que quemó la casa a su exmujer, en la Villa del Sur, Chimbas, señala el grado de violencia que se ejerce cuando hay valores distorsionados. Poner en riesgo la vida de una mujer y sus hijos, revela una situación de total desequilibrio emocional que puede llegar a ser muy peligroso para toda la sociedad. Dentro de los casos de violencia de género que ha dado cuenta la información periodística en lo que va del año, un aspecto recurrente es el de los matrimonios separados que por distintos motivos continúan frecuentándose en medio de conflictos que no se tendrían que presentar en esa situación de divorcio.

La falta de un marco legal para esas separaciones, concretadas solamente de hecho, mantiene el vínculo muchas veces por la propia necesidad de un cónyuge de recibir un mantenimiento que tampoco está regulado. Esto es lo que genera derechos indebidos que luego lleva a pretendidas exigencias, que al no cumplirse desencadena la agresión.

Otro problema del cónyuge agredido para denunciar los hechos de violencia son las barreras psicológicas o por no tener apoyo en ámbitos oficiales. Optimizar el funcionamiento de las dependencias específicas para individualizar los casos que diario se presentan, implementando algún sistema de alerta vecinal, puede llegar a evitar casos lamentables que no sólo afecta a los adultos, sino especialmente a los niños.