María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”. María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mi, grandes cosas” (Lc 1,39-56).

Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Asunción de María. Este dogma significa la glorificación corporal anticipada de la Santísima Virgen, es decir, que María, después de su vida terrestre, se encuentra en aquel estado en el que se hallarán los justos después de la resurrección final. La fiesta del Dormición se celebra en Jerusalén en el siglo VI y hacia el 600 en Constantinopla. En seguida aparece que lo que se celebra, de hecho, es la glorificación de María; más aún, el nombre de la Asunción para esta fiesta parece que es más antiguo que el de la Dormición. Luego de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, en 1854, comienza un gran movimiento a favor de la definición de la Asunción. En el Concilio Vaticano I, 187 Padres conciliares pidieron la definición de esta verdad. La unanimidad de la fe del pueblo cristiano aparece cada vez con mayor claridad y se manifiesta en las peticiones a favor de la definición dirigidas a la Santa Sede. Esta universalidad de la fe, ofreció el más sólido fundamento a la definición, y se manifestó sin posibilidad de duda en las respuestas que dieron los obispos a la pregunta de Pío XII: hasta el día 15 de agosto de 1950, de 1.181 obispos a cargo de diócesis y que habían respondido, 1.169 habían dado respuesta afirmativa.

El 1 de noviembre de 1950 Pío XII definió solemnemente la Asunción de María: "proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. La fórmula dice: "cumplido el curso de su vida terrestre”. La misma fue elegida para no definir si María murió o no. De este hecho, no puede deducirse que la fórmula definitoria favorezca la negación de la muerte de María o que la fórmula declare que la cuestión de la muerte de María sea teológicamente libre. Con esta fórmula no se hace más que dejar la cuestión de la muerte en el estado en que se encontraba antes de la definición. La conexión entre esta frase y el verbo "fue asunta” muestra que la Asunción tuvo lugar "pronto” después del fin de la vida terrestre de María. ¿Qué nos dice a nosotros esta fiesta mariana de hoy? Lo responde la liturgia de la Iglesia. Hay un principio teológico que afirma: "Lex orandi, lex credendi”, para significar que el Pueblo de Dios reza lo que cree. En el Prefacio de la Misa de hoy, antes de la consagración, rezamos: "Porque hoy ha sido elevada al cielo la Virgen Madre de Dios, anticipo e imagen de la perfección que alcanzará tu Iglesia, garantía de consuelo y de esperanza para tu pueblo que peregrina en la tierra”. Una bella oración del poeta francés Paul Claudel, que aparece en su libro "La Vierge à midi” dice: "No tengo nada que ofrecerte, no tengo nada que pedir. Vengo solamente, oh Madre, para contemplarte. Porque tú eres bella, porque eres inmaculada, la mujer de la gracia finalmente restituida, tal como salió de Dios en el amanecer de su original esplendor. ¡Simplemente porque existes, Madre de Jesucristo, te damos gracias!”.

El evangelio propuesto hoy es el de la Visitación de María a su prima Isabel. La fe de la Virgen no la aísla de las necesidades de los demás. Más aún, la empuja a servir sin cuestionamientos. El gran estudioso del alma urbana Eduardo Mallea (1903-1982), decía que tenemos dos ojos y miramos las cosas con esos dos ojos, pero a la gente con uno solo. ¿Será por eso que desconfiamos de los otros? El miedo y la desconfianza enarbolan el prejuicio como juicio. La caridad mira sin parcialidades y evita los preconceptos. Por eso su amor no admite retrasos ni olvidos. Esto nos da gran consuelo y esperanza, ya que desde el cielo la Asunta no se olvida de quienes aún estamos en la tierra.