Caucete guarda en sus cerros y desiertos, magia, misticismo y color desde tiempos ancestrales, cuando solo existían el silencio y las lluvias que venían del infinito. Es que en Caucete, todo a su paso es naturaleza y fe.

El cerro Pie de Palo, con sus sierras de originales formas geológicas, ofrecen el milagro de la vida, en sosiega paz, interrumpida solamente por la suave brisa y el canto de los pájaros. En la unión de sus primitivos naturales y los inmigrantes, los suelos se fueron tiñendo de colores, olores, sabores, y la historia de Caucete, se comenzó a escribir en base a las fusiones entre diferentes credos y culturas, donde los llegados de lejanos dominios han dejado los rastros del testimonio de amor y veneración hacia Dios, la SS. Virgen María y a los santos traídos de sus tierras de origen.

Recorriendo el departamento nos encontramos con la serenidad de un oasis enclavado en el desierto, en las serranías de la localidad de las Chacras. Allí se erige una antiquísima capilla en honor a la Virgen de Andacollo, cuyo culto se venera desde fines del siglo XIX, cuando una familia que trabajaba en las minas de oro, trajo la imagen de su país de origen, Chile.

La festividad de la Virgen se celebra en Diciembre, a la más pretérita usanza.

A 30 kilómetros de allí, atravesando el desierto de Bermejo, está San Expedito: La imagen del santo de lo imposible y urgente llegó hace unos 30 años, cuando unas personas que venían de Buenos Aires la trajeron a Bermejo, para ayudar a Doña Petronila Mercado de Lucero. Según cuenta la historia, San Expedito ayudó al marido de la bermejera a superar su adicción al alcohol, con lo que en el lugar se despertó una fe muy profunda por aquél. La casa de Doña Petronila fue la primera capilla de San Expedito.

La comunidad de Bermejo continuó con el culto al santo fervorosamente hasta la actualidad. Gracias al esfuerzo de años en 1996 se pudo comenzar a construir una capilla antisísmica.

La fiesta principal con novena y procesión se lleva a cabo todos los años el 19 de abril, congregando a fieles de todo el país y de naciones vecinas.

En Vallecito, se erige la Capilla en honor a Nuestra Señora del Carmen, de moderno diseño arquitectónico, rodeada de farolas, símbolo de nuestra ciudad, cuidando de la salud espiritual de este pueblo en el desierto cuajado de aves, cerros y una flora autóctona que se abre paso en la escasez del agua. La misma que alimenta un mito de fe popular en honor a la Difunta Deolinda Correa, cuando a mediados del siglo XIX, en medio de una geografía feroz, esta mujer que sufre las consecuencias de una guerra entre unitarios y federales, sale en busca de su esposo reclutado por las montoneras asentadas en La Rioja, con su hijo en brazos muriendo de sed en este paraje donde el sol besa la tierra y evapora el agua.

Como continuando por un sendero de fe y paz llegamos hasta la localidad misma de Pie de Palo, con mágicos amaneceres, que le dan un marco magnánimo a la celebración de la palabra, de la mano de Nuestra Señora de la Merced.

Esta imagen llego al lugar cuando un empleado del ferrocarril de apellido Maya la trajo desde Buenos Aires, y en su casa se celebra misa por primera vez en esta zona con la presencia de la sagrada señora. De allí pasará a la escuela Arturo Berutti, luego a una casilla de la línea ferroviaria, para quedarse en la capilla a la vera de la ruta 20 y calle San Lorenzo.

Por otra parte María, la señora de todos los pueblos, se hace presente en la localidad de Los Médanos, como Reina de la Paz, verdadero refugio de religiosidad, donde acuden miles de peregrinos todos los días, principalmente en el mes de junio en la caminata hacia ese sitio enclavado en una de las lomas del Pie de Palo.

En las inmediaciones está la Misión Las Talas, de la Iglesia Evangélica Amiel, y es allí, a los pies de ese mismo altozano, columna vertebral de Caucete, donde descansan en paz nuestros difuntos, pudiendo sus familiares y amigos elevar oraciones por la salvación de sus almas, en la capilla del camposanto municipal.

Dejando atrás el desierto se llega a la zona de la Puntilla, coronada por la Capilla de San Isidro Labrador, patrono de los ganaderos y labradores, construida entre viñedos y parrales desde 1940. Cuentan que un sacerdote llamado Baez Laspiur, recorría las fincas de la zona con un camión pidiendo gamelas de uvas, cuando llenaba el vehículo, las vendía y con ese dinero compraba los materiales para la construcción.

En Villa Independencia, la paz y el silencio se hacen presentes en el Monasterio Contemplativo de las hermanitas descalzas, donde está el Convento "’El Carmelo de María”. Una vez más nos encontramos con el dulcísimo rostro de María, que llegó a este pueblo para mitigar el dolor y la desolación que dejó el terremoto del año 1977. Desde entonces su misión ha sido fecunda, inundando de amor los corazones de los habitantes de la villa, convirtiéndose todos en mensajeros de paz en cada rincón del departamento.

Entre fincas, parrales, huertas y quintas, la senda de sensibilidad espiritual continúa, dedicando este tramo del camino a la Patrona de América, nuevamente Nuestra Señora de Guadalupe elige a los más sencillos pobladores, ellos agradecidos le construyeron esta capilla en su honor en Lotes de Álvarez.

(*) Escritora.