En Argentina, y San Juan en especial, se ha observado en los últimos tiempos un escenario económico favorable a pesar de la crisis internacional. Es necesario darle valor agregado a esta situación. Cuando en los grupos humanos, ya sean familias, instituciones, empresas, provincias o países están satisfechos económicamente, y así lo muestran las encuestas; pero no se avanza proporcionalmente en el desarrollo integral del ser humano, corremos el riesgo de que se produzcan grandes divisiones sociales, tanto en el corto como en el largo plazo. Son esenciales el fortalecimiento del matrimonio tradicional, la paternidad responsable, la revalidación del oficio de madre en materia educativa. Como política de seguridad urge el control de las fronteras y del espacio aéreo. Pensar San Juan dentro de 50 años es pensar también en la educación y en la seguridad del presente. Los recursos humanos actuales sin duda son el resultado de la educación que hemos recibido y de las políticas de Estado que hemos tenido en los últimos 50 años. Dice el Papa Benedicto XVI en el libro Luz del Mundo: "Muchísimos obispos, sobre todo de América latina, me dicen que allá, por donde pasa el corredor del cultivo y del tráfico de drogas, es como si un monstruo malvado hubiese puesto sus manos en el país y corrompiera a los hombres. Creo que esa serpiente del tráfico y consumo de drogas abarca toda la tierra, es un poder que no nos imaginamos como se debe. Destruye a la juventud, destruye a las familias, conduce a la violencia y amenaza el futuro de países enteros”. Y continúa más adelante: "Ha surgido una avidez de felicidad que no puede conformarse con lo existente. Y que entonces huye, por así decirlo, al paraíso del demonio, y destruye a su alrededor a los hombres.

A esto se agrega otro problema. No podemos siquiera imaginarnos, dicen los obispos, la destrucción que trae consigo el turismo sexual en nuestra juventud. Se están dando allí procesos extraordinarios de destrucción que han nacido de la arrogancia, del tedio y de la falsa libertad del mundo occidental.”

Continúa: "Se ve que el hombre aspira a una alegría infinita, quisiera placer hasta el extremo, quisiera lo infinito. Pero donde no hay Dios, no se le concederá, no puede darse. Entonces, el hombre tiene que crear por sí mismo lo falso, el falso infinito”. ¿Qué perfil ciudadano queremos para nuestro país? Otro preguntará ¿Y quién está en condiciones de aconsejar un perfil determinado? ¿No sería coartar la libertad? Una persona puede elegir tirarse al partidor San Emiliano pero no puede elegir luego quedar vivo. Y nosotros queremos que nuestros hijos tengan vida.

El ser humano que ha recibido el amor y el testimonio del sacrificio podrá comunicarlo a generaciones futuras. Sin formación integral la economía va por mal camino en el largo plazo. Financiarse con el fruto del esfuerzo es lento y requiere de paciencia, en un mundo donde domina lo inmediato. El valor formativo de la sana educación con el sacrificio que importa frente al deterioro social que producen las actividades delictivas, son dos extremos que se están disputando a nuestra juventud. Los jóvenes huyen al compromiso estable. Las guerras de los próximos años, en Latinoamérica se van a dar en los centros urbanos donde las personas excluidas buscarán un espacio. La exclusión más grave es la estructural, que afecta a los inocentes con baja autoestima y escasa personalización. Menos vocación a la maternidad se traduce en menos gratuidad y más desintegración social. Para el auténtico desarrollo necesitamos una buena política macroeconómica y un ejército de familias educando a sus hijos con madres dispuestas a dar todo a cambio de nada. La macroeconomía y la familia son los extremos de una misma realidad.

Las soluciones de corto plazo son importantes y no tan consistentes: impuestos, planes sociales, intervención en los mecanismos del mercado. A pesar de este esfuerzo e inversión, las estructuras sociales son cada vez más frágiles. Negar la trascendencia humana es privar a la sociedad del máximo valor agregado. Afirmar la idea de Dios en la persona de Cristo es convencer a los ciudadanos que las soluciones deben trascender las generaciones presentes beneficiando a las futuras y honrando las que pasaron. Nuestra Nación está cediendo en los valores tradicionales que le dieron origen y están claramente expresados en el preámbulo.

Algunos dirán que hay que actualizarse. Pero hay contenidos educativos que no se deben abandonar. La deformación del hombre es el fracaso de la estrategia educativa. Debemos contener y respetar la diversidad porque Dios ama infinitamente a cada hombre con independencia de su condición. Pero debemos proponer el modelo que desarrolle integralmente a la persona de acuerdo a las exigencias esenciales de su naturaleza. Esta propuesta no es discriminación sino caridad, ya que es una propuesta de felicidad autentica.