Nuestro país, no "este país" como lo expresan ciertos políticos que no lo sienten como propio, pues han perdido el sentido de pertenencia, continúa viviendo tiempos de confusión y profundo desconcierto. Estamos a casi un mes de las elecciones adelantadas por el gobierno, en un acto más de viveza criolla, y los partidos políticos están más preocupados en la lista de candidatos que en la elaboración de proyectos de cambio.
La realidad social y política nos muestra con toda crudeza la desaparición de los valores que inspiraron a los fundadores de la nacionalidad. ¿Dónde están las promesas del "Proceso de Reorganización Nacional", la "Argentina Potencia", la "Revolución Productiva", el "País en serio" que votamos en 2003.
¿Qué podemos hacer para encontrar la brújula de la moral perdida? En primer lugar, reconocer que todos, absolutamente todos, por acción u omisión, tenemos la culpa de lo que nos pasa. Sin este requisito continuaremos deambulando en la búsqueda de culpas ajenas.
Para volver a creer en los dirigentes es imprescindible echar los cimientos de un nuevo y creíble sistema democrático, que honre la política y la ética ciudadana. ¿Es posible? Si. Siempre y cuando nuestros gobernantes tengan el coraje cívico de convocar a los más lucidos intelectuales de todos los sectores sociales del país, a un gran debate nacional para abocarse a una profunda ingeniería política que arranque de raíz la incultura de la viveza criolla. Me refiero a una profunda reforma política y electoral que elimine, por ejemplo la lista sábana, donde votamos al primero de la lista, generalmente de trayectoria conocida, junto a los que han hecho de la política un modo de vivir discepoliano. Urge reemplazar la lista sábana por un sistema mixto de representación que contemple, por ejemplo, una nómina de candidatos más reducida elegidos por el sistema de representación proporcional y otro número de diputados elegidos por circunscripciones.
Esta reforma debe propender entre otros objetivos a elevar la calidad de representación en los cuerpos legislativos con candidatos más idóneos y honestos.
Desde la reapertura democrática en 1983, se han presentado centenares de reforma electorales, hemos escuchado a numerosos dirigentes políticos hablando de la importancia de eliminar las listas sábanas, no obstante siempre aducían la falta de tiempo ante la proximidad de las elecciones.
En realidad, existe una seria resistencia en la clase política argentina a modificar el sistema electoral. Siempre promete abocarse a ella después que pasen las elecciones "con más serenidad y objetividad", en otras palabras, siempre nos narran el cuento de la buena pipa.
Por otra parte, existe un creciente consenso en la sociedad argentina sobre la necesidad de reducir enérgicamente los costos de la actividad política, así como dotarla de mayor transparencia.
Asimismo, el clientelismo es un cáncer que deber erradicarse en mérito a su ineficacia y corrupción. Es sabido que generalmente una pequeña parte del dinero invertido por el Estado, llega finalmente a la población necesitada. La mayor tajada queda en los vericuetos burocráticos y en las redes de los punteros, hoy devenidos en piqueteros.
Otras de las tareas a las que deben abocarse los futuros legisladores que serán elegidos el 28 de junio es la desarticulación de los mecanismos perversos de la gestión pública. Hace falta instrumentos ágiles de control ciudadano para los que se requieren canales idóneos de participación adecuados. Ojalá que esta renovación legislativa en ciernes nos ayude a encontrar la brújula de la moral perdida para volver a creer en los políticos que dignifiquen y honren la política.
