Un principio fundamental en la vida de los hombres es poseer el conocimiento pero no sólo la sabiduría vulgar sino los saberes legítimos. Máxime cuando en la base del rumor que rueda de boca en boca se encuentra el miedo. Recurrir a fuentes seguras, a personas idóneas, a informaciones serias de diarios y revistas de prestigio es un buen camino.
Siempre que sucede en el mundo en que vivimos una tragedia comienzan a rodar miles de aseveraciones que horadan la vida cotidiana y rompen la sutil trama de la tranquilidad. Las versiones apocalípticas no deben convencernos tan fácilmente porque provienen de un lenguaje sin sustento, propio de las sectas, parcelario, una verdad de partes interesadas en promover el escándalo y el pánico.
Hay varias clases de tiempo en la vida humana, el tiempo interior que a veces se nos hace interminable y el tiempo que marcan los relojes. Pero hay otro tiempo: el cósmico, por el cual se mide el ámbito astronómico. Ese tiempo no lo conocemos pero hay astrofísicos, astrónomos y especialistas que poseen saberes legítimos que deben responder en esta hora a tanta tontería que prolifera llenando de temor a la gente que ve sacudir la corteza terrestre y no entiende lo que sucede. Además los profesionales, relacionados con la sismología son los más vinculados a estos datos que deben ser ciertos y científicos.
Antes de hablar el hombre debe fundamentar la frase que echará a volar sin destino, porque como una madeja se irá tejiendo, incrementando y aumentará de tamaño para provocar estupor y conductas de vacilación con agregados sin límites y ocurrencias disparatadas.
Los saberes legítimos los poseen quienes tienen datos concretos y un signo de inteligencia de los periodistas es buscar entre los que más saben para informar bien, porque eso ayuda a la solidez de la noticia y a su credibilidad. También a no tener que rectificar lo ya difundido. No es el caso de este medio gráfico, que por su trayectoria, confirma los comunicados. Es sí un mal que cunde en otros medios informativos, especialmente orales, donde no se puede estar aclarando a cada momento lo que con anterioridad se dijo.
La noticia es desde tiempos inmemoriales, según su etimología el "notum”, supremo conocimiento, y esto nos asegura una verdad científica, probada, sin que por ello no dejemos paso a la novedad, a la evolución, a otra forma de mirar las cosas porque los individuos son polifacéticos y la noticia lleva su marca.
Pretender ser imparciales y objetivos en medio de la subjetividad de la información es imposible, pero los datos claros y con sustancia ayudan en la más trágica de las horas porque serenan y ese estado es el que el hombre necesita para trabajar y responder a las exigencias de la vida.
El pánico está basado en lo desconocido; aprender a conocer es un principio de sabiduría que nos hará más fuertes y menos indefensos ante tanta vulnerabilidad.
