Los especialistas coinciden en que la hipertensión arterial es una enfermedad que se ha convertido en el primer factor de riesgo de mortalidad en el país. Se trata de un enemigo silencioso de la salud, no presenta síntomas, y cuesta asumirla por personas que se sienten sanas y desarrollan múltiples actividades.

Si bien afecta al 33% de los argentinos, un porcentaje similar al promedio mundial, en el país se encuentra en ascenso debido a los malos hábitos alimentarios impuestos por el ritmo de vida, las tensiones, y todo asociado con el sobrepeso, altos niveles de colesterol y el síndrome metabólico en diabetes. Hay jóvenes hipertensos a los 20 años en tratamiento médico, cuando históricamente la enfermedad se la vinculaba con la edad, y en un 50% después de los 60 años.

En este contexto, los estudiosos señalan al estrés, la mala alimentación y el sedentarismo entre los factores, que predisponen el desarrollo. La llamada comida rápida o "chatarra" muchas veces es una solución práctica en familias donde no hay tiempo para cocinar y para aquellos que deben comer afuera y eligen un menú económico donde abundan las frituras. Y en las dietas de los chicos se suman las gaseosas con alta concentración de azúcar que, al igual que la sal, es imprescindible para la supervivencia pero el consumo actual excede nuestras necesidades fisiológicas.

El ser humano puede vivir perfectamente bien con dos gramos de sal diarios, pero en promedio se consumen 15 gramos de sal por persona y eso hace que el sistema no pueda soportar semejante carga de sodio. De allí la necesidad de debatir las metas terapéuticas, los consensos de las guías nacionales e internacionales para el manejo de esta epidemia silenciosa, los métodos de diagnóstico, y qué se debe hacer ante una crisis hipertensiva.

Estas pautas se plantearon en el reciente XXII Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, que reunió en Tucumán a más de 3.000 profesionales argentinos y extranjeros que analizaron las incidencias en la patología y los últimos descubrimientos sobre la relación entre los factores riesgo cardiovascular y el consumo de drogas, un componente letal en la juventud.

La hipertensión es un tema científico, pero debe plantearse también como problema político, social y económico. Varios países, entre ellos Argentina, dispusieron medidas para bajar el contenido de sal en las comidas industrializadas, pero se necesita crear conciencia para replantear hábitos y conductas.