La lista está encabezada por Wael Ghonim, el joven ejecutivo egipcio de Google que desencadenó la revuelta popular que derrocó a Hosni Mubarak, seguido por empresarios, inventores, artistas y personalidades del deporte, casi todos estadounidenses. En los primeros puestos están el economista premio Nobel Joseph Stiglitz, el fundador de la empresa de alquiler de películas por Internet Netflix, Reed Hastings; el educador de Harlem, Nueva York, Geoffrey Canada, y el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. Los dos únicos latinoamericanos de la lista son la presidenta brasileña Dilma Rouseff, en el puesto 27, y el futbolista argentino Lionel Messi, puesto 86.
¿Latinoamérica ha desaparecido del mapa?, les pregunté a varios economistas y politólogos. Casi todos me dijeron que no se puede tomar en serio la lista de Time. Resulta difícil explicar por qué no incluyó al magnate mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo y dueño, entre otras cosas, de una buena parte del New York Times. O al magnate brasileño Eike Batista, el octavo hombre más rico del planeta, según la revista Forbes.
O a Shakira, la cantante colombiana, una de las más famosas y acaudaladas del mundo, elegida para cantar en la última Copa Mundial de Fútbol. O al reciente ganador del Premio Nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa; o al artista colombiano Fernando Botero. Si uno mira al mundo desde una perspectiva norteamericana, EEUU exporta a Latinoamérica tres veces más que a China, y depende mucho más de la región para sus importaciones de petróleo que de Arabia Saudita.
Muchos en EEUU, Europa y China ven a Latinoamérica como un gigante dormido, que parece empezar a despertarse cuando suben los precios de las materias primas, pero vuelve a su letargo cuando los precios bajan.
El porcentaje de la economía mundial que corresponde a Latinoamérica ha quedado prácticamente estancado en las últimas cinco décadas: paso del 6% del producto bruto mundial en 1960 al 7% actualmente, según los "Indicadores de Desarrollo Mundial 2011” del Banco Mundial. Comparativamente, la proporción de China se duplicó del 4 al 8% en el mismo periodo.
La proporción latinoamericana de las inversiones mundiales en investigación y desarrollo es penosa. Sólo el 2,3% de todas las inversiones mundiales en investigación y desarrollo se hacen en Latinoamérica, frente al 36% en EEUU y Canadá, 31% en Europa, y 28% en Asia.
