La Democracia, (Gobierno del pueblo) es el sistema político más extendido en el mundo entero, y considerado, en todo Occidente, como el que garantiza las libertades individuales. Pero lejos de ser un sistema perfecto, hoy padece sus propias debilidades, que son su descrédito, sus riesgos y su impotencia.
Los puntos débiles, se repiten en diferentes naciones y producen, al menos, inquietud sobre la continuidad de su estructura representativa y quizás lo más temido, derrapar en modalidades pretéritas, autoritarias y/o anárquicas. Desembocar en falta de representatividad o incluso ilegitimidad, cuando una minoría prevalece y decide sobre la mayoría.
Las democracias occidentales modernas, no han logrado resolver satisfactoriamente problemas cruciales y no de menor importancia: la corrupción, la pobreza, la violencia, la explotación de personas, la vulneración de los derechos de niños. Coexisten en su seno, dimensiones paralelas, sociedades y prácticas ilícitas que paradójicamente conviven y dependen de la legalidad de forma parasitaria, (lavado de activos de origen delictivo, evasión de impuestos, robos, tráfico de drogas, armas, etc.) Son desafíos pendientes, que permanecen.
Las nuevas generaciones, los millenials, y los pos millenials, los jóvenes de la sociedad globalizada y tecnológica, expresan cada vez más, no solo indiferencia, sino lo que es peor, antipatía hacia el sistema político gubernamental. Reconocen no encontrar una relación "amistosa” entre la política y su vida personal, entre los discursos políticos tradicionales y sus necesidades e intereses de todos los días. Signo de esto son los esfuerzos devengados por partidos políticos y gobernantes, que para llegar a los nuevos electores y condicionar su opinión, se valen de las redes sociales como Facebook, influencers mediáticos, twitter e instagram, etc.
La participación es a la democracia lo que el aire y el sol para la flor, jamás esta podría desplegar su belleza sin aquellos elementos. Nuestro sistema político, requiere del compromiso activo de los integrantes de la comunidad para que se vuelva de forma progresiva en perfectible y despliegue la totalidad de sus bondades. Pero dicha participación, no puede limitarse a una actividad tipo inercia; debe ser consciente, responsable e impregnada en valores de compañerismo, estima por el otro, trabajo en equipo, solidaridad, paz, unión. Tanto representados como representantes, dirigentes como dirigidos, tienen la responsabilidad de dar a las instituciones un significado y finalidad plenos.
La indiferencia, en principio conduce a no ver la realidad y evadirla, pero no la modifica no resuelve los problemas a largo plazo, nos aísla. Por lo tanto es razonable pensar, que para forjar una sociedad más estable y menos desequilibrada debe haber un alto nivel de compromiso cívico. Una Nación, sería más estable, con un conjunto de ideas y objetivos claros, en donde lo esencial concurre en una misma dirección, predecible y estratégicamente codiciada como aliada por el mundo.
¡Participar! Nadie debe quedarse fuera. Ese es el anhelo hoy más que nunca para el pueblo argentino.
Los adultos, cargamos con la responsabilidad de alentar a los nuevos y jóvenes electores, no los paralicemos con nuestros temores, después de todo tienen derecho a soñar una democracia donde las garantías no sean un sueño sino una realidad y ellos sean los protagonistas.
Por el Prof. Federico Javier Cánovas
federicocanovas05@gmail.com
La democracia no es sólo ganar una elección. Es descubrir un camino como sociedad para alcanzar objetivos.
