Hace unos días se cumplieron 152 años del natalicio del prominente político, historiador, educador, filósofo, jurista y literato argentino José Víctor González, que además fue miembro de la Real Academia Española y de la Corte Permanente de Arbitraje Internacional de La Haya y brillante senador de la Nación hasta su fallecimiento el 21 de diciembre de 1923. La vida y obra de los argentinos ilustres deben ser un legado de plena vigencia en las nuevas generaciones y, en particular, como guía insustituible de la clase dirigente.

Los tiempos cambian, las situaciones sociales propias de la evolución de la humanidad plantean cuestiones diferentes a las que enfrentaron los forjadores de la república, pero el espíritu, la grandeza, el desprendimiento y el altruismo sobre lo que cimentaron las obras que perduran y quedaron como un ejemplo de patriotismo. Joaquín V. González, riojano de nacimiento. estudió en Córdoba en el Colegio de Monserrat, y a los 18 años ya tomaba conocimiento de la realidad argentina como periodista de varias publicaciones y el dictado de clases de Historia, Geografía y Francés en la Escuela Normal.

A los 22 años comenzó a escribir su tesis doctoral y fundó su propio diario, a la vez que como presidente del Club Universitario Estudiantil se fogueaba en la defensa de lo inherente al bien común, mientras esperaba tener la edad requerida para ser electo diputado nacional, un cargo que lo llevaría al Congreso para desempeñarlo durante dos períodos. Pero lo trascendente es el trasfondo del conocimiento donde abrevó el amor a la patria para forjar el desarrollo: sus grandes maestros fueron Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre de quienes aprendió a pensar en el engrandecimiento de la nación federal.

Por ello, en 1887, fue designado miembro de la Comisión de Reforma Constitucional por encontrarse entre los juristas más prominentes de la Argentina. La respuesta ante el reto quedó plasmada en su "Manual de la Constitución Argentina”, una obra fundamental de ejercicio constitucional y el comentario más completo que se haya realizado sobre nuestra Carta Magna en letra y espíritu. Los tratados sobre legislación de minas, reforma electoral, y el proyecto de Ley Nacional del Trabajo, entre otras obras de vanguardia, engrandece su figura de hombre público.

Todo esto es la antítesis del poder demagógico de nuestros días que da la espalda a las necesidades que urgen al hombre común.