
Existen claras diferencias entre quienes ejercen la libertad, con quienes el libertinaje. Quienes confunden lo popular con el populismo. El progreso con el progresismo. Una ideología, con su ideologización. Todas estas derivaciones son deformaciones de su significado original, e implican una malversación idiomática que confunde, exagera, o distorsiona severamente la doctrina de base. Podría decirse que todas estas deformaciones son graves, pero la que corresponde a la ideologización lo es más aún, en cuanto importa un sesgo imperativo de un grupo social sobre otro, pretendiendo uniformar el pensamiento. Es decir, lo contrario al pluralismo. Es un abuso irrespetuoso, que va en menoscabo de lo que piensan los demás. Que por cierto tendrán su propio sistema de creencias y exigen que las mismas sean respetadas. A lo sumo podrán cuestionarse con argumentos, que debieran ser sólidos, y hasta ser desmontadas por no corresponderse con la realidad que pretenden interpretar, pero nunca derribarlas con argumentaciones engañosas o insultantes.
El ideologismo se preocupa en pasar por su tamiz cualquier acontecimiento notable de la sociedad, para torcerlos hacia su redil.
Por ejemplo el progresismo, que es una corriente muy en boga, que deriva del término progreso. ¿Quién puede estar en contra del progreso?, pero este resulta desnaturalizado por un exceso de "ideologismo", que no busca exactamente el progreso colectivo de toda la población, sino que procura romper con un sistema de vida, costumbres y creencias, para el supuesto mejoramiento de un sector, generalmente minoritario que se siente discriminado. Para lo cual atribuyen todos los males a los abusos del sistema capitalista, al patriarcado, la clase media y a veces hasta la religión. El progresismo se manifiesta más en movimientos populares, o de izquierda, en cuestiones como indigenismo, feminismo, el aborto, la diversidad sexual, la ideología de género, el lenguaje inclusivo, el revisionismo histórico. Todas muy respetables, pero que generalmente no respetan al que vive y opina distinto sobre esos temas.
Lo sucedido en una cumbre
La reciente cumbre de la Celac, que debería servir para resolver las dificultades comunes de los países Latinoamericanos y del Caribe, desnudó en algunos de los representantes de países miembros un intento de ideologización de sus objetivos, virándolo hacia los intereses de países "amigos" de una determinada ideología, como Venezuela, Cuba y Nicaragua. Países que se dicen democráticos, pero donde no se respetan los principios de la democracia. Como se encargaron de expresar con claridad los presidentes de Uruguay, Lacalle Pou, y de Chile, Gabriel Boric. De este último nadie puede dudar su procedencia de izquierda, pero reclamó elecciones libres en esos países, así como la liberación de presos políticos. Constituyendo estas prácticas una clara violación de los derechos humanos, del cual esos países, justamente, se dicen defensores.
El ideologismo se preocupa en pasar por su tamiz cualquier acontecimiento notable de la sociedad, para torcerlos hacia su redil. Pasó con el tema de las vacunas, donde si inclinarse por las "Sputnik", de origen ruso, era un ejercicio gubernamental de "izquierda", o si por las "Pfizer", era liberal e imperialista. Mientras se dirimían estas cuestiones, las vacunas no llegaban y eso aceleró la muerte de miles de argentinos.
Cuestión de género
Otra muestra de esta exageración del ideologismo es el debate actual sobre el rol del periodismo en el tratamiento del crimen de Fernando Báez Sosa, con relación al del nene Lucio Dupuy. Siendo dolorosamente importantes ambos, la extensión y profundidad otorgada al primero, es muy superior a la del segundo. Ambos aborrecibles, pero uno de ellos cometido por una banda de "rugbiers" y el otro por dos mujeres lesbianas, la madre del niño y su amante. Y sobreviene la cuestión ideológica del género, debate impuesto a la fuerza sobre una sociedad que está preocupada por otros temas, más que por los que tienen que ver, en este caso, con el sexo o la condición social de quienes los perpetraron.
Luego se reclamó a los organismos de derechos humanos y al Ministerio de la Mujer, por sus largos silencios sobre el caso de Lucio, que es un asesinato donde estaría comprometida una cuestión que hace al género. El jueves último, recién luego de conocido el fallo la ministra Ayelén Macina repudió el crimen, pero lamento que "la derecha aprovechara para atacar el feminismo", comentario que vuelve a ideologizar un asesinato. Y sobre el de Fernando, se titula hasta el cansancio la condición de "rugbiers" de los atacantes, haciendo referencia indirecta a la fama de "chetos" que tienen quienes practican ese noble deporte. O sea que es un crimen "de clase". ¡Qué tendrá que ver la condición económica o sexual de los presuntos criminales, con ambos casos? Son asesinos y punto.
Así es como la ideologización confunde, estigmatiza, agrede creencias, y prejuzga a favor o en contra, dependiendo "de dónde venga" el perjuicio causado. Si es de los "amigos" nombrados, o de Irán, o Rusia, también será callado. He ahí la cuestión por la cual sostengo que "ideologizar" posterga algo tan estimulante para una sociedad como un auténtico debate de ideas, sobre cómo mejorar la calidad de vida de los habitantes, y atacar las desigualdades. Materia sobre la cual parece difícil que se pongan de acuerdo quienes asumen responsabilidades políticas, perdiendo tiempo en interesadas y "tribuneras" ideologizaciones.
Por Orlando Navarro
Periodista
