
¿De qué lado estás? Con interrogantes de este tipo, los adalides de la posverdad, se basan en la fragmentación de las sociedades, para imponer sus objetivos. Se define a la posverdad como la práctica que consiste en negar la realidad en forma deliberada. De este modo, procuran relativizar todo. Al no existir los absolutos, todo puede ser, todo es posible, según el cristal con que se mire. Depende, es la respuesta para cualquier interrogante incómodo. ¿La tierra es redonda? depende. ¿Dios existe? depende. ¿Rusia está invadiendo Ucrania? Depende de qué lado estás.
Hoy pululan las noticias falsas, agentes de la desinformación que echan leña a diario sobre desprevenidos lectores, que ya no saben qué está pasando, ni quién es quién. ¿Seré yo el equivocado? llegan a plantearse. Y el bien más amenazado es la libertad. Y, por ende, la democracia. Se pierde la libertad, si alguien obnubila el razonamiento lógico de los ciudadanos con esa bomba molotov que explota en la cara y se llama posverdad. El miedo es, entonces, el arma más eficaz para derribar al que pretende decir o pensar lo contrario. Sobrevive aquel que, en lugar de pararse frente a los que violentan la verdad, optan por resignarse a sus rutinas y se dejan llevar por el "qué me importa" o "todo puede ser".
Se define a la posverdad como la práctica que consiste en negar la realidad en forma deliberada.
EL RELATIVISMO
En el reino del relativismo, nada es absolutamente cierto. Estuve leyendo el planteo de una funcionaria ministerial sobre la ESI, Enseñanza Sexual Integral, en un reportaje aparecido en una reciente publicación del DIARIO DE CUYO, afirmando que "si la ESI tuviera otro nombre, no tendría tanta resistencia".
Esa frase, explica la convicción de esta autoridad docente sobre que cambiando el título, logrará encapsular el verdadero contenido, de modo de hacerlo digerible y que "pase" sin mayores obstáculos. Eso es subestimar la inteligencia de padres y de otros docentes, que expresaron su disconformidad en los comentarios digitales de los lectores luego de esa entrevista. Salvo un lector, el resto, la mayoría padres y madres de familia, reclamaron su derecho a oponerse a la ley sobre la ESI. "Con mis hijos no", escribió una madre.
Los contenidos envasados y dirigidos son una evidencia más del espíritu autoritario de quienes enarbolan estas banderas y las quieren imponer por leyes o decretos. Otra forma de posverdad.
REDES SOCIALES
Con el auge de las redes sociales, se ha hecho práctica común enunciar como ciertas afirmaciones falsas y la gente, desde la emotividad, las consume como verdaderas. Hasta campañas políticas se hacen utilizando esas herramientas, como se comprobó en las elecciones que consagraron al presidente a Donald Trump, o acaso el Brexit, que terminó separando a Gran Bretaña de Europa. Se crearon falsos temores, que apelando a la emotividad del votante, hicieron triunfar sus objetivos.
Esta actitud paranoica, introducida en las grandes masas, ha logrado resultados extraordinarios, a la vez que catastróficos. Mediante el engaño, el disfraz de la realidad, llegaron a encaramarse al frente de las sociedades individuos sin escrúpulos, que no miden consecuencias con tal de ver concretadas sus locuras. Putin es el ejemplo actual. Y estas locuras, han producido cambios en la historia, cuyas consecuencias padecerán las sociedades futuras.
Debemos estar alertas sobre los peligros que se esconden debajo de esa red de mentiras, y causan estragos en los pueblos. En todos los órdenes, y más aún cuando son divulgadas desde una posición legitimada por elecciones ganadas gracias al ardid de la posverdad. Como siempre, un pueblo culto, educado, es el único que estará a salvo de quienes pretenden manipularlo con ese tipo de maniobras.
Al respecto, acaba de conocerse la noticia de que Google propiciará la formación de verificadores, cuya función será controlar y evitar la proliferación de noticias falsas en internet. Es un intento, pero siempre exigirá de base, que el lector esté adecuadamente formado para interpretar exactamente los resultados de tales verificaciones. Puede que un lector menos avisado quede preso de alguna "verificación" sesgada y orientada hacia algún objetivo desconocido.
CONTROLADORES DEL PENSAMIENTO
Concretamente, digo que no me convencen los controladores del pensamiento, de la información que recibimos o cualquier tipo de vigilancia, como un "gran hermano" que desde su plataforma observadora nos clasifique qué está bien y qué está mal de lo que consumimos. Siempre digo una obviedad, "la libertad es libre" y desconfío de las actitudes de quienes se arrogan la facultad de patrullar todo lo que dice, lee o ve un ciudadano. Sí creo en la formación del lector para que sea capaz de chequear por su cuenta la veracidad de una información.
Por Orlando Navarro
Periodista
