En el calendario hebreo el 27 de Nisan está instituido como el Día del Holocausto. En el calendario gregoriano esta fecha se corresponde con el 19 de abril, día en el cual unos 700 judíos se sublevan produciendo lo que la historia llama "El Levantamiento del Gueto de Varsovia”, hecho acaecido en 1943.

En la antigüedad, los guetos eran parte de una ciudad en la que se obligaba por ley a residir a los judíos. Por extensión, este término se aplica a cualquier parte habitada mayoritaria o exclusivamente por judíos. Históricamente hablando, las juderías surgieron en principio como resultado de la intolerancia practicada por los cristianos y del deseo por parte de los judíos de mantener su unidad y exclusividad. El Papa Pablo IV creó la primera judería legal en Roma en 1555. Juderías similares fueron creadas en la mayoría de los países de Europa durante los tres siglos siguientes. Solían estar rodeadas por murallas y sus puertas se cerraban al anochecer. En muchos casos los judíos estaban obligados a llevar un identificativo cuando salían fuera de su recinto. La abolición de este sistema se produjo a raíz de la Revolución Francesa y de los movimientos liberales del siglo XIX. En 1870 la judería de Roma, la última legal que quedaba en Europa, fue abolida por Víctor Manuel II, rey de Italia. Sin embargo, en el siglo XX Adolf Hitler ordenó de nuevo su instauración en los países ocupados durante la II Guerra Mundial como parte de su plan global de aniquilación de los judíos.

En esta línea, sabido es que la política exterior de los nazis fue guiada por la creencia racista que Alemania era biológicamente destinada a expandirse al Este por fuerza militar y que una población ampliada y racialmente superior debería establecer una autoridad permanente en Europa oriental y en la Unión Soviética. Aquí las mujeres tenían un papel importante. La política de población agresiva del Tercer Reich animó a mujeres "racialmente puras” a tener varios niños arios posibles. Dentro de este sistema, las personas "racialmente inferiores”, como los judíos, los negros, los homosexuales y los gitanos, serían eliminadas de la región. En el contexto de esta guerra ideológica, los nazis planearon y llevaron a cabo el Holocausto, el asesinato masivo de los judíos, que eran considerados el enemigo "racial” principal.

En este contexto se lleva a cabo un acto heroico que conocemos como el Levantamiento del Gueto de Varsovia, que consistió en la sublevación de los judíos contra los alemanes que lucharon durante 63 días antes de ser derrotados. Tras el alzamiento, las tropas alemanas mataron o deportaron a la mayor parte de la población que quedaba en la ciudad, mientras que, unas fuerzas especiales fueron encargadas de su destrucción. Varsovia fue liberada por las tropas soviéticas y polacas en enero de 1945. Tras la guerra, la ciudad fue reconstruida, con la ayuda económica de otros países, donde fue posible, se siguieron los planos originales para la reconstrucción de los edificios y distritos de valor histórico.

Luego del Holocausto, nos resta preguntarnos ¿fue único Auschwitz y todo lo que representó? Se puede afirmar que la Shoá fue única y a la vez comparable. Al mismo tiempo no fue ni única ni comparable.

Ahora bien, la memoria plantea interrogantes a la historia pues apunta a problemas que siguen vigentes o que están investidos de valores o de emociones. Idealmente, la historia pone a prueba a la memoria y prepara el terreno para un intento más abarcador de elaborar un pasado que no se ha cerrado.

¿Por qué recordar el Holocausto e instituir un día para su conmemoración en el calendario hebreo y otro en el gregoriano? Por que el intento irracional y perverso de aniquilar de la faz de la tierra a todo un pueblo debe ser recordado por todas las generaciones, a fin de que no se repita nunca más. El Holocausto nos obliga a replantearnos nuestra humanidad y el rumbo de la historia, aunque también será siempre una advertencia para todo el mundo de los peligros del odio, el fanatismo, el racismo y los prejuicios. Enseñar el Holocausto es un componente fundamental de una educación que permita a las nuevas generaciones aprender a querer vivir juntos.

Educar en los valores éticos de la justicia y de la democracia significa ser capaz de evaluar contenidos y representaciones y de decir no. Debemos ser capaces de decir no a la discriminación, no a la injusticia social, no a la xenofobia, no a la violencia para resolver los conflictos. El intento del nazismo por aniquilar al diferente fue un ataque perpetrado contra la dignidad del Hombre en cuanto tal, y por lo tanto debe concernir a todas las personas sin distinción.

Finalmente, puede inferirse fácilmente que cuando el Papa Juan Pablo II canonizó en 1998 a Edith Stein, quizá nos estaba diciendo que para un cristiano un judío, es más que un prójimo, es un yo mismo. Al canonizar a esta hija de Israel, quizá la Iglesia asume como propios, por fin, como sus propios hijos a los seis millones de mártires judíos y de otras minorías étnicas, asesinados durante la Shoá. Y quizá sirva esto también para meditar el hecho de que hay una extraña y misteriosa semejanza entre la dolorosa historia del pueblo de Israel y la Pasión de Cristo.