Precaución y prevención deben motivar a la población para evitar uno de los mayores peligros en la época estival: la muerte por asfixia por inmersión al bañarse irresponsablemente en canales, aparentes remansos, lagunas y piletas. Cada uno de estos sitios tiene sus características convocantes para la diversión y el esparcimiento juvenil, pero también con alto riesgo potencial.

Debido a su diseño, un canal impermeabilizado no tiene elementos de sujeción ni de protección y el agua circula rápidamente. Otros lugares preferidos por los jóvenes son los remansos, que pueden transformarse en trampas mortales si los arrastra un remolino y los natatorios, si tienen dimensiones olímpicas, merecen el mayor de los respetos además de conocimientos acerca de la profundidad y de las técnicas para practicar deporte y preservar la vida.

Lo cierto es que los hechos luctuosos que se producen en esta temporada son originados casi en su totalidad por las actitudes irresponsables y temerarias de los bañistas, a pesar de las permanentes recomendaciones de las autoridades del área y de las tareas de vigilancia, incluyendo a la Policía. Tomar conciencia de estos riesgos y actuar siguiendo las recomendaciones es la única forma de preservar la vida frente a la tentación de arrojarse a un curso de agua. Incluso en los natatorios públicos y privados es necesario que el personal idóneo, exigido por la reglamentación, mantenga una estricta vigilancia para impedir que el descontrol se transforme en emergencia, como también preservar la higiene para evitar las bacterias que proliferan si no se cumple con las normas y los resguardos apropiados, originen enfermedades.